Mientras buscaba
datos para completar estas referencias, en
añejos papeles encontré que
un nombre similar apareció en la pelota
cubana por primera vez en el certamen profesional
1926-1927 y tres años más tarde
ganó el título (33-19).
En la siguiente contienda apenas jugó
cuatro partidos y desapareció hasta
asentarse de manera definitiva en la contienda
de 1939 hasta el último juego del béisbol
rentado, 7 de febrero de 1961.
El día mencionado conquistó
el campeonato al imponerse al Almendares 9
x 1, en el entonces llamado Gran Stadium del
Cerro, lo cual le permitió junto a
sus rivales escribir historia, pues el 26
de octubre de 1946, se enfrentaron en la jornada
inaugural del propio parque y torneo.
Sin embargo, los sucesores en 30 campañas
exactas de participación en la nueva
etapa, contadas desde la justa (1977-1978),
ni siquiera pudieron subir al podio de premiaciones,
porque la mejor posición obtenida fue
la cuarta (31-20), en la siguiente edición.
Comenzamos así para dejar claro que
Cienfuegos hace rato es un equipo de segunda
línea, incapaz de encontrar sendas
ganadoras, aunque en las diferentes nóminas
incluyeron bateadores de la talla de Antonio
Muñoz, Pedro José Rodríguez,
Héctor Olivera, Sixto Hernández
y Lázaro López sin olvidar lanzadores
como Rolando Macías.
Los cuatro artilleros mencionados se cansaron
de dar palos a diestra y siniestra en todos
los diamantes de país, pero, por una
razón u otra sus seguidores siempre
quedaron a la espera de logros superiores
¿Dónde radicó la debilidad
del colectivo? La respuesta salta a la vista
cuando observamos el rendimiento histórico
del pitcheo, encabezado por Macías
en la esplendorosa etapa del comienzo o la
posterior era del aluminio.
Ellos constituyen un claro ejemplo de que
los lanzadores representan más de 70
por ciento de las victorias y así fue,
los promedios históricos de bateo ofrecen
seis o más carreras anotadas y de idéntica
manera encontramos las permitidas.
Ahora mismo, Cienfuegos cuenta con dos de
los mejores tiradores zurdos, Adiel Palma
y Norberto González, ambos con larga
experiencia en el equipo nacional, y tampoco
pueden dar en la diana.
Juventud tienen de sobra y en tal sentido
vemos los nombres de Pedro José Rodríguez
(hijo) o José Danel Abreu, quienes
llegaron con extensas hojas de servicios procedentes
de las filas juveniles y solo a ratos ofrecen
destellos de grandeza.
La consistencia a lo largo de un campeonato
es factor fundamental para alcanzar el sello
de equipo grande, no basta jugar por rachas,
en las cuales el seleccionado parece punto
menos que invencible.
Concluido el breve período victorioso,
llueven los errores en la defensa, el ataque
o desde la lomita y todo queda derrumbado
como castillo de naipes.
Debajo de esa óptica colocan los especialistas
al conjunto, mientras el público mantiene
el índice acusador contra los mentores
y las autoridades locales dan riendas sueltas
a las sustituciones.
La diferencia entre ganar o perder, y Cienfuegos
pierde más de los que gana (827-1180),
o lo que es lo mismo, salieron airosos el
41 por ciento de los 2007 desafíos
celebrados, consiste en trabajar diario en
las diferentes categorías y llevar
a cabo los relevos generacionales sin pensar
en nombres.
En el béisbol juegan los mejores y
tal debe resultar el objetivo de los técnicos
encargados de preparar el material humano,
ya que si no cumplen ese propósito
el fracaso asoma a la nariz
Cienfuegos está obligado a buscar soluciones
para abandonar el conformismo beisboleros
que inunda el territorio hace tres décadas
o de lo contrario pasarán más
de mil años, muchos más…
como sentencia la letra del añejo bolero,
sin verla pasar.