En
la pasada campaña, los agramontinos llegaron
como suele decirse, “agarrados por los
pelos” a la clasificación dentro
del grupo C y concluyeron ubicados en la octavo
posición, pero el mentor Miguel Borroto,
luego de reincorporado al timón de mando,
pudo sacarle al equipo el extra necesario.
Sus números en los tres órdenes
fundamentales del juego constituyeron los elementos
fundamentales, aunque en ningún caso
resultaron sobresalientes, cuando los comparamos
con los promediaos por Santiago de Cuba e Industriales,
ocupantes en ese orden de las primeras posiciones
en la tabla.
Camagüey, bajo ese nombre nunca llegó
en la primera posición y solo el denominado
conjunto Ganaderos (1975-1976), entonces dirigido
por Carlos Gómez pasó exitoso
la prueba de fuego frente a la oposición
de Metropolitanos, Vegueros y Constructores.
La nueva estructura competitiva comenzó
un año después y, en lo adelante,
las 14 provincias y el Municipio Especial Isla
de la Juventud están representados, además
de un segundo seleccionado de la capital (Metropolitanos).
Precisamente, en ese certamen alcanzaron el
tercer lugar, antecedidos por Vegueros e Industriales.
En las siguientes ediciones, la inestabilidad
marcó pautas y, con las excepciones de
varias individualidades, algunas llegaron a
la nómina de la selección nacional,
muy poco disfrutaron sus seguidores.
A juicio de numerosos especialistas, la permanente
carencia de un sólido cuarto bate, o
sea, del impulsador de carreras hacia la goma
en los momentos decisivos es aún considerado
fundamental.
En tal sentido, el jugador más próximo
a dicho prototipo de vuelacercas fue el jardinero
e inicialista Leonel Moa, quien en la campaña
de 1990, exactamente el 10 de diciembre, sacó
cuatro veces la bola del parque y en total durante
una carrera de 15 años acumuló
272.
Tampoco los camagüeyanos dispusieron a
lo largo del extenso período mencionado
de certeras líneas centrales, elemento
vital en cualquier equipo pretendiente a posiciones
privilegiadas.
Tal vez el aspecto con mejor destaque sea el
del pitcheo, pues, a pesar de ciertas altas
y bajas, casi siempre dos o tres tiradores asumieron
responsabilidades y sacaron la cara desde la
lomita.
La XLVII Serie Nacional impondrá nuevos
retos a la tropa de Borroto y, como sucede en
los casos de Granma, Las Tunas y Ciego de Ávila,
sus victorias deben superar la media centena,
porque Santiago de Cuba y Villa Clara hace rato
acostumbran a regalar guarismos superiores en
la importante casilla.
La ausencia de un bateador de la talla de Loidel
Chapellí a todas luces será el
primer handicap a superar dentro del capítulo
perteneciente a los artilleros. Leslie Anderson
(152) y Norberto Concepción (102) son
los únicos que presentan más de
100 batazos de cuatro esquina, pero ninguno
de ellos llega a las 400 carreras impulsadas
en más de dos mil turnos oficiales al
plato.
Parece poco probable que la ofensiva consiga
anotar un promedio superior a las seis carreras
por desafíos para respaldar al cuerpo
de tiradores que bastante necesitará
el crucial apoyo.
|