¬En la última
contienda, los representantes de la Isla de
la Juventud, bajo la condición de Municipio
Especial y apenas 85 mil habitantes, cumplieron
la participación exacta número
30 en los torneos nacionales.
Aunque aparecen dentro del contado grupo de
equipos sin saborear las mieles de conquistar
gallardete, en las últimas contiendas
alcanzó bastante estabilidad e incluso
en la temporada del 2005-2006 clasificaron
en solitario por el grupo A (54-35) con seis
juegos y medio delante de Pinar del Río
(48-42).
Desde la llegada a la pelota grande, en principio
reforzado con jugadores procedentes de otras
provincias, los muchachos nunca dejaron de
luchar frente a los poderosos para abrirse
paso a fuerza de derrochar coraje y más
coraje en cada salida al diamante.
En tal sentido, los números indican
que solo llegaron a escalar el podio en la
edición de 1998-1999, oportunidad en
la que finalizaron con victorioso balance
(58-44) y ocuparon el tercer lugar en la tabla
final de posiciones, precedidos por el titular
Santiago de Cuba e Industriales.
Cuando valoramos el comportamiento general
de los isleños saltan a la vista discretos
números colectivos en los tres renglones
principales del juego (pitcheo, bateo y fildeo),
lo cual ofrece como resultados ubicaciones
entre los seleccionados de segunda línea.
Las posibilidades de desarrollo, incluida
la limitación de instalaciones, provocan
que el caudal de talentos locales sea bien
reducido. A propósito, cabe apuntar
que el primer pelotero oriundo de la entonces
llamada Isla de Pinos fuera el lanzador zurdo
Cecilio Soto, quien integró la nómina
de Industriales.
Algún tiempo después, su hijo
Roberto también lo hizo como tirador
en la Isla de la Juventud durante la década
de 1990 y en la actualidad realiza idéntica
función el nieto Israel desde el 2004.
Tampoco escapan a la memoria del redactor
las actuaciones de los jimaguas Pablo y Pedro
Pérez, capaces de acumular 14 y 13
temporadas respectivas bajo rangos de líderes
ofensivos.
El desborde madero en mano corrió a
cargo del camarero Alexander Ramos, cuyo promedio
histórico acumulado de 339 (5980 –
2030) lo ubicaron como el primer jugador del
territorio entre los mejores bateadores de
las series nacionales, entonces solo superado
por Omar Linares (368).
Alexander fue un hombre clave en lo que podría
denominar etapa de tránsito generacional,
porque junto a él aparecieron los brazos
de Gervasio Miguel Govín (22 campañas
y Carlos Yanes (24), cada uno dueños
de capítulos independientes entre los
lanzadores de mayor durabilidad con permanente
rendimiento.
La dupla Govín (499 – 138 –
197) y Yanes (651 – 214 – 216)
cubrió un inolvidable período
de esplendor en los clásicos cubanos,
sobre todo al saber el total de juegos iniciados
(1150), válidos para 318 victorias
y 352 reveses, muy fácil de escribir,
pero difícil de hacer si revelamos
que el total de triunfos de la Isla es de
857 y a ellos pertenece el 37.1 por ciento.
¿Impresionante verdad?
Otro de los grandes, Michel Enríquez,
sentó cátedra desde la llegada
al conjunto y en una década exacta
mantiene el mejor promedio de incomibles conectados
(121.4) y ofensiva de 363, tercero en un selecto
trío que encabeza Osmani Urrutia (370)
y Omar Linares (368).
Hoy la Isla de la Juventud tiene listo el
parque Cristóbal Labra iniciar el campeonato
47 del béisbol nacional y los objetivos
inmediatos del director Armando Johnson consiste
en profundizar el cuerpo de serpentineros,
indiscutible lunar en la temporada anterior
debido a la inclusión de tres novatos.
En esta oportunidad jugarán en casa
unos 35 juegos en horario nocturno, lo cual
nunca sucedió al no disponer la instalación
sede del correspondiente alumbrado. Tal handicap
quedará superado y el terreno de juego
dirá la última palabra, porque
los tiradores saldrán en condiciones
similares a los contendientes.
Hace mucho tiempo que los isleños abandonaron
el sótano, tan lejos como 1992-1993
(16-49) y dicho rendimiento le permitió
aventajar por amplio margen a provincias varias
veces superiores en cuanto a la cifra total
de habitantes.
Sus seguidores esperan mucho de ellos en el
venidero certamen y para complacerlo están
obligados a ganar como mínimo 50 desafíos
de los 90 previstos en el calendario.