Si sobre algo
quedan pocas dudas, cuando de béisbol
hablamos, es que Industriales aporta los mejores
resultados, además de poseer la mayor
presencia (42) en el total de 47 ediciones
celebradas desde la puesta en marcha del certamen
tan lejos como 1962.
Lo del nombre tuvo lógica por tratarse
del conjunto representativo de la Capital,
donde encontramos una buena parte de las industrias
del país, mientras el color azul cielo
conserva cierta relación con la enseña
almendarista de los profesionales.
Entonces, bajo la estructura de seis provincias,
en la medida en que surgieron los seleccionados
participantes del torneo nacional, identificados
por la principal actividad económica
del territorio.
Así llegaron por orden específico
(Azucareros-Las Villas-1962), Granjeros-Camagüey-1964),
(Mineros-Oriente), (Henequeneros-Matanzas)
y (Vegueros-Pinar del Río), estos tres
últimos en 1967, luego del aumento
a 12 escuadras.
Llegado dicho momento, Industriales tenía
consolidado un prestigio de permanente favorito
e infinidad de seguidores, muchos deseosos
de verlos ganar y otros, por supuesto, disfrutar
los reveses frente a los restantes adversarios.
Bajo la tutela del experimentado atleta y
mentor universitario, Ramón Carneado,
indiscutible conocedor del máximo pasatiempo,
conquistaron cuatro éxitos en línea
y muchos repitieron el slogan “El que
le gane a los azules se muere”.
Memorables victorias que en innumerables ocasiones
repletaron los graderíos del ya rebautizado
estadio Latinoamericano, en la barriada habanera
del Cerro, y de la totalidad de los parque
a lo largo y ancho de la Isla.
Los nombres de Pedro Chávez, Urbano
González, Jorge Trigoura y Antonio
Tony González, para citar los defensores
del cuadro, o de los lanzadores Manuel Hurtado
y Alfredo Street, sólidos puntales
en la lomita acapararon titulares en los diversos
medios periodísticos.
¿Quién no recuerda aquel famoso
encuentro entre Industriales y Orientales
para decidir el gallardete de la campaña
1966-1967 o el decisivo cuadrangular conectado
por el inicialista zurdo Agustín Marquetti
frente al pinareño Rogelio García
en el juego final del clásico 1985-1986?
Esos dos momentos memorables, junto a innumerables
hechos y anécdotas protagonizadas en
cerca de medio siglo, conforman los anales
beisboleros, en franca continuidad con lo
sucedido en los diamantes de casa a partir
de 1878.
Dentro de la moderna valoración, las
diferentes nóminas capitalinas
ofrecieron a cuantos valían y brillaban,
algo similar a lo que hicieron sus precursores
en la centuria precedente.
Apenas basta pasar la vista al recuadro con
las posiciones históricas y el lector
comprenderá que en una sola oportunidad
(1978-1979), los azules finalizaron en la
segunda división (lugar 12) con mayor
cantidad de derrotas que triunfos (22-27)
y 16 juegos completos alejados del titular
Sancti Spíritus (39-12).
La búsqueda de antecedentes frescos
permite conocer que en la última década
ganaron tres banderines, todos con la dirección
de Rey Vicente Anglada, convertido en sapiente
conductor con favorable balance (379-225),
único capaz de mantener promedio de
627.
Ayer fueron Chávez, Urbano, Marquetti,
Armando Capiró y porqué no el
propio Anglada, entre muchos, quienes dieron
satisfacciones a la causa industrialista,
hoy el compromiso ganador corre a cargo de
Carlos Tabares, Yasser Gómez, Enrique
Díaz, Yoandri Urgellés, Alexander
Mayeta y otros hasta completar una nómina
cuajada de estelares.
La divisa azul no guarda secretos y según
los jugadores, el asunto consiste en vestir
orgullosos las camisetas del mejor equipo
de la pelota cubana, merecido calificativo
respaldado por la obtención de 11 coronas
como líderes indiscutibles.
Salir a defenderla supone para cada integrante
hacerlo bien, porque benefactores y detractores
siempre esperan lo mejor, razón la
cual están obligado a imponerse o caer
con las botas puestas
Así de grande es Industriales, no lo
ponga en dudas, amigo lector…