Durante
largos años (desde 1977) de presencia
sostenida como equipo en los torneos invernales,
Las Tunas siempre concluyó ubicado en
la segunda división de la tabla de posiciones
y no podían esperar mucho más
sus parciales.
La provincia acababa de alcanzar tal condición
apenas un año antes y no disponía
de recursos materiales ni humanos suficientes
para codearse con los consagrados.
Sobraban las razones al conocer que el territorio
eminentemente agrícola debía iniciar
el trabajo encaminado a desarrollar potencialidades
en los diversos sectores y el deporte ocupaba
un lugar preferente.
Entre los jugadores más conocidos de
la época, el redactor recuerda los nombres
del serpentinero Gregorio Pérez, el gigante
negro de velocidad aterradora, y el jardinero
Asterio Zaldívar, peligroso bateador
zurdo, quienes en sus mejores años vistieron
los uniformes de los conjuntos representativos
de Camagüey.
Poco a poco, con muchas más penas que
glorias, el arduo trabajo de los entrenadores
en los distintos niveles marcó pautas
y hacia el comienzo de la década de 1980
apareció el serpentinero Félix
Nuñez, verdadero caballo de batalla,
y en la defensa de las praderas conocimos el
nombre de Ermidelio Urrutia, hombre de delgada
complexión física, aunque poderosas
muñecas a la hora de conectar.
Hacia mediados de los 90 surgió un fuerte
mocetón, emparentado con Ermidelio, éste
nombrado Osmany, capaz de conquistar en línea
cuatro campeonatos de bateo consecutivo, siempre
con promedios superiores a los 400.
En la pasada contienda, el veterano de la familia
asumió el mandato del seleccionado y
era el momento justo para dar el salto. Aquí
Osmany volvió a batear cuanto quiso y
los seguidores disfrutaron de lo lindo la primera
clasificación a la series extras.
Dentro del grupo C desplazaron a Ciego de Ávila
y después de saborear las mieles victoriosas
los muchachos pretenden repetir e incluso hablan
de avanzar como mínimo a semifinales,
sin pensar en los potentes Santiago de Cuba
y Villa Clara.
La nómina en el renglón ofensivo
lleva también en el cuarto turno al inicialista
Joan Carlos Pedroso, par de veces líder
de los jonroneros del campeonato, el antesalista
Amaury Suárez y el inquieto Danel Castro,
lo cual consolida un cuarteto de peligrosos
artilleros.
En el capítulo de la defensa experimentaron
un salto cualitativo y sin poseer una sólida
línea central, los números debemos
considerarlos aceptables a la hora de reafirmar
las aspiraciones.
Sin embargo, una vez más en cuerpo monticular
adolece de visibles lunares en lo tocante a
profundidad. Wilbert Verdecia, Ubisney Bermúdez
y Dael Mejías encabezan a los abridores,
pero con tres tiradores prácticamente
resulta imposible salir airosos en el exigente
calendario de seis encuentros semanales.
Tampoco el grupo de relevistas exhibe la fortaleza
necesaria y solo dos de ellos, Jesús
Guerra y Damichel González, pudieran
completar un experimental quinteto, salvo que
Ermidelio y el resto del colectivo de dirección
piensen reservar algún rol principal
a cuatro de los jóvenes debutantes.
Los tuneros necesitan que cada uno de los elementos
apuntadores respondan a plenitud para repetir
la clasificación en la correspondiente
llave, tal situación traducida en números
equivale a ganar 50 o más juegos en franca
porfía con santiagueros, granmenses,
villaclareños, avileños y camagüeyanos.
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