¬Hace buen
rato los resultados del equipo representativo
de la provincia distan mucho de la rica historia
legada por varias generaciones de peloteros
matanceros, a partir de Martín Dihigo
Llanos El Inmortal, sin discusión el
mejor jugador cubano de cualquier época.
Matanzas es considerada la cuna del máximo
pasatiempo en el país, contada desde
el 27 de diciembre de 1874, fecha exacta el
primer enfrentamiento oficial, celebrado en
los terrenos del Palmar de Junco.
Bajo las denominaciones de Henequeneros, Citricultores
y Matanzas, durante largos años sus
diversas ediciones siempre recibieron el reconocimiento
unánime de sus parciales en casa y
fuera de ella, por la calidad de los jugadores
y la absoluta entrega en busca de la victoria.
Infinidad de nombres completarían páginas
gloriosas en la historia de los torneos nacionales,
luego del debut de Henequeneros (tercer lugar
1965-1966).
Allí fueron conocidos los nombres de
Lino Betancourt, líder de los jonroneros
(9) e impulsadores (45); Félix Isasi,
anotadas 44) y bases robadas (24) y Gaspar
Curro Pérez, máximo ganador
(11).
Tal vez los mejores momentos surgieron para
los matanceros en 1968, cuando tres hombres,
Wilfredo Sánchez, Rigoberto Rosique
y Félix Isasi acapararon titulares
en las páginas deportivas de los diarios,
hasta el punto de recibir el calificativo
de Tres Mosqueteros, por parte del colega
Juan Antonio Bobby Salamanca
Wilfredo, también bautizado como Hombre
Hit, acumulí un total de seis campeonatos
de bateo, mientras Rosique e Isasi tampoco
eran segundos con el madero en las manos.
La afición matancera aplaudió
hasta el delirio el aporte de esos tres hijos
y del tirador Gaspar Pérez en la XVII
Serie Mundial, cuyo escenario fuera el parque
Quisqueya en Santo Domingo, República
Dominicana, donde Cuba finalizó invicto
(10-0), tras imponerse (2x1) en histórico
desafío a Estados Unidos en la fecha
del cierre.
Como si la gloria internacional no bastara,
en el certamen de casa (1969-1970), Henequeneros
salio triunfante (50-16) y Wilfredo Sánchez
hizo cuanto quiso en el capítulo ofensivo
al acumular cuatro lideratos: Bateo (351 –
98 – 279), hits (98), anotadas (46)
y bases robadas (34).
Durante la buena cosecha de Henequeneros,
el conjunto Matanzas siempre mantuvo un rol
secundario, porque siempre quedó a
la zaga de sus coterráneos e incluso
llegó a ocupar la última posición
de la tabla.
Matanzas como tal volvió al ruedo en
la contienda 1992-1993 y nunca consiguió
mejorar las quintas plazas alcanzadas en las
ediciones 35 y 36, sino todo lo contrario,
pues pusieron la marcha atrás sin freno.
En esas 15 presentaciones, apenas en ocasiones
rebasaron el promedio de 500 en ganados y
perdidos, para dejar mucho que desear a sus
seguidores en el parque local Victoria de
Girón.
Por supuesto, si un equipo no es capaz de
ofrecer buenas demostraciones, el público
se aleja de los graderíos y el entusiasmo
desciende a peligrosos límites extremos.
Los federativos y técnicos responsabilizados
con las actuaciones de los yumurinos intentan
explicar lo inexplicable acerca del bajo rendimiento
colectivo en el máximo nivel, luego
de acumular insólito balance de 110
triunfos frente a 249 fracasos.
Las cifras están sobre la mesa y las
valoraciones de la afición también.
Otro detalle interesante lo constituye el
hecho de que en 0las últimas selecciones
nacionales solo Yoadi Garlobo pudo vestir
el uniforme.
A punto de comenzar la versión correspondiente
al 2007, la nómina de esta escuadra
solo reúne dos artilleros experimentados,
el propio Garlobo (11 series) y Vaisel Acosta
(idéntica cantidad), con promedios
de bateo superiores a 300.
Entre los posibles restantes jugadores ninguno
pasa de seis campañas de experiencia
y totalizan la discreta cantidad de 67 cuadrangulares,
razonable elemento para comprender que se
trata de un colectivo con escasa ofensiva
de largo alcance.Algo muy similar salta a
la vista en el cuerpo de tiradores, encabezados
por los zurdos Lázaro Garro (18) y
Yosvani Fonseca (9), mientras los demás
están en franco proceso de aprendizaje
con menos de 300 entradas de labor y 59 victorias
contra 114.
Así de definitorios son los números,
no hay más…