La celebración
del primer campeonato para aficionados con
amplia participación de peloteros procedentes
de todo el país, inaugurado el 14 de
enero de 1962, contó la presencia de
cuatro equipos (Occidentales, Habana, Azucareros
y Orientales), representativos de las dos
regiones comprendidas en la estructura beisbolera
inicial.
Habana y Azucareros fueron los respectivos
titulares, mientras Occidentales y Orientales
conformaron las selecciones de perdedores.
Entonces, los escépticos auguraron
corta vida a la iniciativa, pues consideraron
que los jugadores profesionales eran insustituibles.
Sin embargo, en corto tiempo, los nuevos nombres
de los peloteros calaron profundo en las simpatías
del público asistente a los parques,
hasta el punto de que ya en la quinta edición
(1965), fue necesario aumentar a seis la cantidad
de conjuntos, a tono con igual número
de provincias existentes (Pinar del Río,
La Habana, Matanzas, Las Villas, Camagüey
y Orientes).
La historia pinareña comenzó
dos campañas más tarde (1967),
cuando cada provincia tuvo titular y selección.
Tal resultó el caso en el extremo occidental,
donde apareció la escuadra del mismo
nombre junto a Vegueros.
En buena medida, el debut podemos calificarlo
de desastroso, ya que entre ambos celebraron
195 desafíos y solo obtuvieron 45 victorias:
Vegueros (33-65) y Pinar del Río (12-85),
algo lógico si tomamos en consideración
que los vueltabajeros a duras penas reunían
atletas para formar un equipo.
Poco a poco, el paciente trabajo de los técnicos
rindió frutos y la solidez del pitcheo,
conjugada con sustanciales mejorías
en la ofensiva y la defensa, para que la condición
de selecciones de segunda línea desapareciera
por completo, al convertirse Vegueros en fuerte
contendiente al gallardete en 1974.
Aunque en nuestra valoración apuntamos
las actuaciones del equipo Pinar del Río,
por presentar la mayor permanencia debido
a la estabilidad competitiva desde la temporada
de 1992.
Los primeros pinareños con hojas de
servicios destacadas al comenzar los clásicos
nacionales fueron el jardinero Fidel Linares,
padre de Omar y Juan Carlos, además
de los lanzadores Vicente Llanos y Marcos
Páez.
Bajo la batuta del José Miguel Pineda,
Vegueros encabezó la tabla de posiciones
en la versión de 1977 (36-14), en franca
porfía frente a Industriales (35-16)
y Camagüey (30-21).
Volvieron a subir a lo más alto del
podio de premiaciones en 1980 y 1981, con
idénticos balances (36-15), en el primero
de los triunfos repitió Pineda y en
el segundo lo hizo Jorge Fuentes, también
exitoso en 1987 (39-14) y 1988 (40-14).
El propio Fuentes impuso orden para darle
el primer banderín a la divisa nombrada
Pinar del Río en 1997 (58-15) y el
último cetro perteneció al comando
de Alfonso Urquiola en 1998 (67-39).
Por cierto, Jorge Fuentes figura entre los
mentores más triunfadores (4), igualado
a Ramón Carneado e Higinio Vélez,
pero los supera al exhibir orgulloso titularidad
absoluta en los Juegos Olímpicos de
Barcelona, España (1992), y Atlanta,
Estados Unidos (1996).
Cualquier tipo de análisis sobre el
comportamiento de los cuadros de Vueltabajo
impone la cita primaria a Omar Linares, cuyos
números en el ataque revelan por qué,
casi de forma unánime especialistas
y aficionados lo ubican como El Más
Completo de cuantos han jugado en las series
nacionales.
Tampoco podemos pasar por alto el comportamiento
de Luis Giraldo Casanova El Señor Pelotero,
grande entre los grandes en cada salida al
diamante dentro y fuera de casa.
Los promedios de bateo y slugging de Omar
y Luis Giraldo señalan pautas de superioridad
como el mejor dúo de artilleros en
cualquier época de la pelota cubana.
Si algún lector desea comparar…