Sancti Spíritus
llega a la participación número
32 en series nacionales cargado de aspiraciones
y muchos deseos de volver a discutir el lugar
de honor, algo sucedido apenas siete años
atrás, cuando cayeron 4-3 frente a
Holguín.
Entonces, el sorpresivo ascenso desde la posición
12 hasta el segundo lugar constituyó
para muchos una sorpresa, pero la valoración
de la nómina, a través del prisma
numérico reveló que el salto
experimentado tuvo por fundamento la presencia
de varios jóvenes dispuestos a abrirse
paso en el máximo nivel del pasatiempo.
La utilización del bate de madera nunca
constituyó un obstáculo, sino
todo lo contrario, porque actuó como
verdadero acicate en figuras del calibre de
Eriel Sánchez, Frederich Cepeda, Reinier
Yero e Ixis Valle, quienes encontraron la
consolidación en el listado de regulares
a Yunier Mendoza, Liván Monteagudo
y Osdelvis Bernal, además de los hermanos
Yunieski y Yulieski Gourriel.
Sin tratarse de una provincia con larga historia,
pues la región alcanzó tal rango
en 1976, debutaron un año más
tarde con muchas penas y pocas satisfacciones
al concluir el calendario de 50 choques (20-30),
ubicados en el lugar 15 entre 16 participantes.
El debut de un equipo con el nombre de Sancti
Spíritus en la XVII Serie Nacional
coincidió con la veteranía de
varios jugadores, entre ellos el antesalista
Owen Blandino, o el momento de mejor esplendor
de otro como el inicialista Antonio Muñoz,
el jugador de cuadro Osvaldo Oliva y el lanzador
Roberto Ramos, quienes vieron picado su orgullo
al concluir muy cerca del oscuro sótano.
Todos ellos marcaron antes una verdadera época
dentro de los seleccionados Azucareros y Las
Villas, verdaderos animadores e incluso triunfadores
en algunos de los certámenes celebrados
durante el comienzo de la década de
1970.