Acerca de la
carrera deportiva de Martín Dihigo,
igual que en los casos de José de la
Caridad Méndez, Adolfo Luque y otros
destacados peloteros profesionales de antaño,
los medios periodísticos fueron ecos
públicos de infinidad anécdotas
y hechos bastante cercanos a las leyendas.
Por ejemplo, en el caso específico
de Dihigo, nacido en el pequeño poblado
matancero de Cidra, 25 de mayo de 1906, existen
diversos relatos sobre cómo se produjo
su debut en los campeonatos invernales durante
los primeros años de la década
de 1920.
Sin embargo, quien mejor que el propio Don
Martín para puntualizar detalles y
así lo contó al colega Eladio
Secades, revista BOHEMIA, 11 de febrero de
1949:
“Yo vine a la Capital sin dinero ni
para lo más necesario. Al llegar gasté
los últimos cinco centavos y tuve que
ir a pie desde la calle General Lee, en Marianao,
hasta el Campo de Marte, donde pasé
la noche dormitando en un banco.
Por la mañana conocí a Lucas
Boada, pitcher del club Marianao, y me llevó
para que practicara con esa novena dirigida
por Baldomero “Merito” Acosta.
Éste me estuvo observando y cuando
terminé me dio 10 pesos para que pasara
dos o tres días.
Gasté la plata y tuve que regresar
a Matanzas. ¿A qué no sabe por
qué? Porque no había uniforme
para mí y ellos pensaron que no valía
la pena comprar uno nuevo para un novato que
nadas había demostrado.
En noviembre regresé y durante unas
prácticas en el antiguo Almendares
Park, Miguel Ángel González,
director del club Habana me probó en
tercera base y me quedé con ellos.
Estuve en el banco sin poder jugar hasta el
21 de enero. En la novena entrada me mandó
a cubrir la tercera en sustitución
de Rafael Quintana. Y algo curioso, participé
en los tres outs.
En esa misma primera temporada 1922-1923,
yo tenía apenas 16 años de edad
y tuve que enfrentarme, entre otros lanzadores
a Isidro Fabré, Emilio Palmero y Lucas
Boada”.
Así, sin ningún tipo de dudas,
inició su triunfal carrera Martín
Dihigo Llano. Algún tiempo después
se supo que había participado en varios
campeonatos de la categoría juvenil
desde que cumplió los 13 años
de edad hasta que en 1921 jugó el campo
corto del equipo Piratas de Matanzas en un
torneo semiprofesional celebrado los fines
de semana en el terreno Palmar de Junco.
A lo largo de casi dos décadas, Dihigo
deleitó a los fanáticos cubanos,
estadounidenses, mexicanos, venezolanos y
dominicanos, lo mismo desde la lomita que
con el bate en la mano, pues demostró
ser un virtuoso en las nueve posiciones.
El mejor ejemplo para corroborar tal afirmación
lo encontramos en los resúmenes estadísticos
del campeonato cubano de 1935-1936, en el
cual vistió la franela del conjunto
Santa Clara y conquistó los títulos
de bateo (358) y de los lanzadores (11 triunfos
y dos reveses).
Debido a su condición de negro, nunca
pudo desenvolverse en el béisbol de
las Grandes Ligas; pero al concluir la primera
temporada en el certamen profesional cubano,
ya el empresario Alejandro Pompéz lo
incluyó en la nómina del Cubans
Stara.
En las siguientes 13 campañas alternó
con jugadores del calibre de James Cool Papa
Bell, Oscar Charleston, Joshua Gibson, Leroy
Satchell Paige, Sam Lloyd y muchos más,
en distintos equipos de las Ligas Negras de
los Estados Unidos.
Es cierto que Martín Dihigo no logró
la aspiración básica de un pelotero
en su época, jugar con las mejores
luminarias en las Ligas Mayores, hombres como
George Babe Ruth, Lou Gehrig o Grover Cleveland
Alexander, las distintas hazañas protagonizadas
en los circuitos negros provocaron una espontánea
expresión del afamado director de los
Gigantes de New York, John McGraw: “Lo
considero el jugador más completo que
he visto en los días de mi vida”.
Y fíjense si McGraw vio jugar a buenos
peloteros que durante más de 30 años
(1899-1932) comandó de manera consecutiva
a los Orioles de Baltimore y a los Gigantes.
En la trayectoria del criollo, siempre con
el número 11 en la espalda de la camisa,
aparecen infinidad de actuaciones sobresalientes,
pero tal vez la más importante, dados
los ribetes de singularidad, resulte el hecho
de ser escogido para integrar el Salón
de la Fama en cuatro países: Cuba,
México, Venezuela y los Estados Unidos.
Por supuesto, y era lógico que así
sucediera, fue en casa propia donde recibió
la primera de esas cuatro distinciones, luego
de cubrir 21 temporadas con distintos equipos
hasta el 11 de enero de 1947, fecha en la
que colgó los spikes como jugador activo
de los Elefantes del Cienfuegos en el recién
inaugurado Stadium del Cerro.
Los mexicanos también conocieron sus
bondades por espacio de 10 campañas
en la liga veraniega (1937-1947) y en la placa
bronceada que perpetúa la memoria de
El Maestro, como acostumbraban llamarlo los
especialistas y fanáticos de ese país,
escribieron lo siguiente:
“Incomparable pelotero cubano que se
distinguió en todas las posiciones,
pero especialmente en la doble condición
de pitcher-bateador. Fue el primero en lanzar
un juego sin hit ni carrera, Aguilas de Veracruz
frente al Nogales, septiembre 15 de 1937,
y en conectar seis indiscutibles en igual
cantidad de turnos. Posee la marca del mejor
promedio de ganados y perdidos (119 victoria
y 57 derrotas para 676), carreras limpias
(2,84), mientras bateó 317.
Durante ese interesante periplo competitivo,
Don Martín o El Inmortal, así
lo bautizaron sus seguidores en casa propia,
incursionó en un torneo celebrado en
Caracas (1932) y allí defendió
la divisa del club Concordia.
En el encuentro decisivo del certamen se enfrascó
en soberbio duelo con su compatriota Manuel
Cocaína García, extraordinario
serpentinero zurdo del conjunto Caribe.
Luego de 12 entradas –20 de noviembre-
una dudosa decisión arbitral favorable
a los del Concordia provocó graves
desórdenes en los graderíos
y en posterior rectificación la copa
destinada al triunfador perteneció
al Caribe.
El balance de Dihigo fue de 6-0. En 1937 también
visitó la República Dominicana
y conquistó el título de los
bateadores con formidable promedio de 351
(97-34).
Tal vez la culminación de los merecidos
galardones llegó un poco tarde, pues
Martín Dihigo falleció el 19
de mayo de 1971 en el pueblo de Cruces, entonces
perteneciente a la provincia de Las Villas
y la nominación del Comité de
las Ligas Negras para figurar en el Salón
de la Fama de Cooperstown, Nueva York, se
hizo realidad el 8 de agosto de 1977.
En la tarja colocada junto a los mejores jugadores
de todos los tiempos en los Estados Unidos
aparece señalado textualmente: “MARTÍN
DIHIGO LLANO EL MAESTRO, Ligas Negras (1923-1947).
El más versátil de las estrellas
de las Ligas Negras. Jugó béisbol
en los campeonatos de verano e invierno. Registró
más de 260 victorias como lanzador
y cuando no subía a la lomita actuaba
en distintas posiciones para promediar más
de 300. También fungió como
manager en diversas épocas”.