La Habana, Cuba.- Después de casi seis años de haberse despedido de sus padres en Buenos Aires, Argentina, Ernesto Che Guevara se reencuentra con ellos en La Habana, el 9 de enero de 1959.
Hacía tan sólo unos días que en Cuba se había producido la victoria de la Revolución y los padres del Che quisieron de inmediato volver a ver a su hijo convertido ya en ese instante en un bravío combatiente y en una personalidad desde el punto de vista histórico por haber sobresalido como uno de los jefes más capaces del Ejército Rebelde.
Entonces viajaron a La Habana en compañía de un grupo de cubanos que estuvieron exiliados en Argentina durante algún tiempo, entre ellos el poeta Nicolás Guillén.
Los padres y otros familiares de Ernesto Guevara no lo habían visto desde que en abril de 1953 una vez que se graduó de médico el joven había salido de su natal Argentina con el objetivo inicial de dirigirse hacia Venezuela para reunirse con su amigo Alberto Granado con quién en 1952 había realizado un singular recorrido por varios países de América Latina.
El día que se produjo su salida de Buenos Aires cuando se dirigía hacia el tren que ya había iniciado su marcha en forma lenta, el joven Guevara se viró hacia quienes lo despedían y mientras alzaba su brazo gritó en forma jocosa: ¡Aquí va un soldado de América!.
Ninguno de los allí presentes imagino que con el decursar de relativamente poco tiempo esas palabras cobrarían realizada al entrar en 1955 Ernesto Guevara en contacto con Fidel Castro en la capital mexicana y al año siguiente formar parte del grupo de expedicionarios que viajó a Cuba para reanudar la lucha revolucionaria contra una dictadura militar reaccionaria.
En Cuba se convirtió no sólo en un relevante combatiente sino además fue uno de los jefes más capaces de la tropa rebelde y realizó grandes hazañas en el enfrentamiento de las fuerzas de la tiranía.
Ya al producirse el triunfo revolucionario en enero de 1959 gozaba de un reconocido prestigio por su participación en la lucha de liberación nacional y por sus cualidades como ser humano.
Por supuesto para los padres del Che Guevara el reencuentro con su hijo en Cuba fue algo muy impactante. Precisamente su padre, Ernesto Guevara Lynch, contaría en un libro que escribió posteriormente que fueron días inolvidables y que veían a Ernesto con frecuencia, cada vez que sus ocupaciones le permitían poder charlar con ellos.
Incluso detalló que en un momento determinado él estableció una conversación muy intimista con su hijo puesto que quería conocer cuáles eran sus planes futuros.
Narró Guevara Lynch que entraron a la habitación del hotel donde ellos se hallaban hospedados y que su hijo se sentó muy tranquilo.
Y detalló: “Había cambiado mucho. Cuando se fue parecía un imberbe, y ahora una barba rala le cubría parte de la cara. Estaba muy delgado y quemado por el sol. Hablaba pausadamente, pero sus ojos eran sus mismos ojos de siempre, escrutadores, burlones. Antes solía apurarse para hablar, las ideas se le amontonaban y no tenía tiempo para expresarlas, y entonces solía charlar nerviosamente y a veces se tragaba las palabras. Ahora lo veía frente a mí, meditaba antes de contestar, cosa que nunca hizo. Le pregunté que iba a hacer con su medicina.”
Precisó el padre del Che que ante esa pregunta él lo miró de soslayo y se quedó pensando un momento y luego, esbozando una sonrisa, le señaló en forma jocosa:
-¿De mi medicina? Mira viejo, como vos te llamas Ernesto Guevara como yo, en tu oficina de construcciones colocas una chapa con tu nombre y abajo le pones médico y ya podés comenzar a matar gente sin ningún peligro.
Igualmente narró el padre del Che que su hijo se reía de lo que había señalado y que ante su insistencia en la pregunta que le había formulado se puso un tanto serio y se limitó a detallarle:
-De mi medicina puedo decirte que hace rato que la he abandonado. Ahora soy un combatiente que está trabajando en el apuntalamiento de un gobierno. ¿Qué va a ser de mí? Yo mismo no sé en qué tierra dejaré los huesos”.
Algo más de un lustro después el padre del Che aquilató la trascendencia de lo afirmado por Ernesto Guevara en esa ocasión cuando recibieron una carta de despedida al marchar el Che hacia otras tierras del mundo.
El Che en plena correspondencia con su vocación internacionalista se hallaba nuevamente.
Y en forma metafórica señaló, precisamente, a sus padres en la parte inicial de esa carta de despedida: “Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo.” |