La Habana, Cuba.- Tras el triunfo de la Revolución cubana, el primero de enero de 1959, diversos sectores reaccionarios comenzaron a difundir campañas difamatorias en contra de la hazaña lograda por el pueblo.
El máximo objetivo que se proponían con ello, era destruir el ejemplo que ya representaba Cuba para los países de América Latina y del mundo en sentido general.
La naciente Revolución debía, con toda urgencia, alzar su voz y sumar aliados que le ayudasen a hacer valer sus derechos a la independencia.
Por tal motivo, el 12 de junio de 1959, el Comandante Ernesto Che Guevara inició una gira por diversos países de Asia y África para hacer llegar la realidad cubana a los más apartados sitios del planeta.
Esta primera misión oficial del Che como representante del gobierno cubano comprendió varios países tales como, la República Árabe Unida, la India y Japón, entre otros.
En las naciones que visitó, el Che expuso las ideas soberanas del nuevo estado que existía y se desarrollaba a tan solo noventa millas de los Estados Unidos. Fue tal el impacto de sus declaraciones que muchos de los observadores quedaron impresionados ante su habilidad como dirigente revolucionario.
Ernesto Guevara había sido, con toda justeza, el representante adecuado escogido por el gobierno cubano debido a su agudeza mental y a la formación intelectual y política que poseía.
Estas cualidades lo ubicaban en igualdad de condiciones para tratar con varios de los estadistas más capaces del momento.
Tras su regreso a La Habana, publicó un artículo titulado “América desde el balcón afro-asiático”, en el que hizo mención al desconocimiento que los países de esa región del mundo tenían con respecto al momento actual que se vivía del otro lado del Océano Atlántico.
“Nada se conocía de América, salvo, quizá, que era un gigantesco sector del mundo donde vivían nativos de piel oscura, taparrabos y lanzas; y donde una vez había arribado un tal Cristóbal Colón, más o menos en la misma época en que otro tal Vasco de Gama cruzara el Cabo de las Tormentas e inaugurara un terrible paréntesis de siglos en la vida cultural, económica y política de esos pueblos.”
Igualmente en su trabajo, el Che detalla que el triunfo de la Revolución cubana era tan sólo algo abstracto para aquellos países que él visitara en los continentes de Asia y África.
Agregó además que para los habitantes de aquellas naciones, la gesta desarrollada en Cuba significaba vanamente la base necesaria para que surgiera un líder llamado Fidel Castro, que encabezaba un grupo de hombres con barbas, el cabello largo y vestidos de uniforme verde olivo.
Y seguidamente comentó el Che: “Y esos hombres, provenientes de esa isla indiferenciable en el mapa, movidos por el resorte mágico de un hombre mitológico, es América, la nueva América, la que despereza sus miembros entumecidos de tanto estar de rodillas.”
Con el decursar del tiempo el Che encabezó otras delegaciones cubanas que hicieron recorridos por distintos países y también para participar en reuniones muy relevantes de carácter internacional, como sería en 1964 la Conferencia Mundial sobre Comercio y Desarrollo y ante la propia Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas.
Con la fuerza de su palabra como arma esencial de combate el Che expuso siempre criterios muy sólidos en defensa de la Revolución Cubana y también de los intereses de los pueblos que conforman el Tercer Mundo.