Detrás de esa condena hay un profundo cinismo

2010.03.16 - 14:12:35 / web@radiorebelde.icrt.cu / Astrid Barnet Rodríguez

Unión Europea
La Habana
, Cuba.- Como ha trascendido en el mundo mediático, el Parlamento de la culta Europa aprobó en fecha reciente una resolución de condena que tras el ya manido calificativo de defensa de los derechos humanos –como consecuencia del fallecimiento de un recluso, mercenario de los intereses imperiales-, no ha hecho más que atentar, una vez más, contra la soberanía e integridad del pueblo de Cuba.

Como planteara el comunicado emitido por la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba:

Este hecho lamentable no puede ser utilizado para condenar a Cuba aduciendo que pudo haber evitado una muerte. Si en un campo nuestro país no tiene que defenderse con palabras, pues la realidad es irrefutable, es en el de la lucha por la vida de los seres humanos, ya sean nacidos en Cuba o en otros países… Detrás de esa condena hay un profundo cinismo”.

Ciertamente. Y no podríamos enunciar tan sólo el reciente ejemplo de ayuda solidaria de nuestros médicos al pueblo de Haití, el que acaba de sufrir el más devastador fenómeno natural de su historia, sino también los numerosísimos gestos de contribución desinteresada y humana de Cuba (su pueblo y Revolución) durante más de cinco décadas dirigidos hacia cientos de lugares del Orbe.

Tan sólo en Europa, habría que recordar nuestra mano solidaria a los niños de Chernobil impactados por radiaciones nucleares en ese territorio de la antigua URSS; nuestra presencia médica, igualmente, tras los hechos devastadores de terremotos y huracanes en América Latina en países como Chile, Perú, Honduras, Nicaragua; en África, en Argelia y, en Estados Unidos, cuando recordamos nuestra absoluta disposición a salvar vidas humanas y formando parte de la brigada médica Henry Reeve, luego del paso del huracán Ike sobre territorio norteamericano, en el 2005. Disposición que fue obviada por las autoridades de ese país, en especial, por parte de la Administración ultrareaccionaria del presidente George W. Bush. 

Tan sólo por citar unos pocos ejemplos.

A la culta Europa habría que recordarle que estos profundos sentimientos de solidaridad, humanidad y absoluto desinterés los ha estado promoviendo esta Isla caribeña al mundo entero, y observada como un minúsculo punto desde cualquier planisferio, no sólo como una enseñanza de sus valores humanos, sino también como un llamado urgente a todos los representantes de gobiernos y países en especial a aquellos altamente industrializados o naciones ricas, a que la humanidad es una sola, y que ella necesita de todos.

El tiempo resulta corto para hablar de todas aquellas reformas de Lutero o de las prédicas de un Papa, que tanto motivaron (o repercutieron) en las conciencias de cada ciudadano europeo de otras épocas y de la actual. Tampoco de aquel Iluminismo del Viejo Continente -que irrumpe en la primera generación de nativos de nuestras tierras americanas con miras reformistas-, o como aquel siglo XVIII que prepara el ulterior siglo de la Independencia americana, influido mayormente por la consecución de hechos económicos, políticos, sociales y culturales procedentes desde esa culta Europa.

Tampoco podríamos hablar de dictaduras fascistas, nazistas o falangistas que, no obstante su fatídico recuerdo, perduran y se afianzan en un sinnúmero de problemas sociales actuales en ese Continente, donde cada uno de sus integrantes parlamentarios se vanaglorian de demostrar al mundo en la práctica epítetos como antigüedad histórica, respeto y unidad ciudadanas, y derechos humanos.

Valdría la pena soslayarlos para adoptar hechos reales como: pérdida de vidas infantiles de las naciones pobres por la decisión de las ricas de incumplir sus compromisos de ayuda al desarrollo; continua represión a inmigrantes de distintos puntos cardinales y a desempleados, además del establecimiento de cárceles ilegales y la práctica de torturas, entre otros muchos.

Igualmente, nunca antes en la Historia de la Humanidad se ha logrado un desarrollo tan ascendente en la Ciencia y la Tecnología, ni han existido condiciones tan favorables para el logro de una gran calidad de vida, como en el momento actual. Sin embargo, nunca jamás como ahora, en este mundo tan extraordinario han coexistido tanta hambre, pobreza, desigualdades, guerras y migraciones en los cuatro puntos cardinales.

Cada uno de los cerca de seis mil 500 millones de seres humanos que habitan la Tierra debería reflexionar y asumir su responsabilidad con la vida, las especies y consigo mismo.

Por tanto, estos son otros tiempos que no resultan desconocidos para cada uno de los miembros del Parlamento de la vieja y culta Europa. Un mundo cada vez más globalizado por los intereses e insidia de unos pocos gobiernos subordinados a los dictámenes de un Imperio -muy diferente al de aquellos de Grecia, Roma, Francia, Alemania o Rusia-, en el que desarrollo tecnológico y supervivencia se encuentran cada vez más alejados.

Valdría la pena referirnos a aquel “padre, silencioso fundador”, al decir de nuestro José Martí, que dejó una huella evidentísima a la generación formadora del concepto Nación (o Generación del 68) en Cuba: José de la Luz y Caballero.

Personalidad intelectual, moral y pedagógica, una noche memorable (1862), ya quebrantada su salud, significó:

“…Antes quisiera, no digo yo que se desplomaran las instituciones de los hombres -reyes y emperadores-, los astros mismos del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de justicia, ese Sol del Mundo Moral”.

Sentimiento de justicia del que, desafortunadamente, está exento el respetado y antiguo Parlamento del Viejo continente.



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   gioia minuti      mgioiam@enet.cu      cuba
   20.03.2010 - 3:57 pm
muy bello, muy explicativo,lleno de buen senso comun y que es una invitacion al respeto humano, a la solidaridad...y que lo lean los jovenes sobretodo aquellos que viven en naciones poderosas. yo haré la traduccion al italiano con este proposito gracias Gioia Minuti


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