
La Habana, Cuba.- Las palabras eran dinamita. Los europeos, fundamentalmente Alemania, se negaban a ir al rescate de sus socios del nuevo Gobierno griego de George Papandreu porque, según las normas establecidas, prestarles ayuda financiera sería violar los reglamentos de la zona euro.
Mas había problemas muy serios que ventilar, entre otras cosas que si Grecia tenía un espantoso déficit presupuestario combinado con una deuda externa escandalosa, no andaban muy lejos los gobiernos de Italia, Portugal y España.
Dejar a Atenas en la estacada significaría que los otros tampoco podrían esperar ayuda luego, y el mundo financiero dejaría de comprar la divisa europea, en franco declive desde que se conoció la crisis griega.
Los del llamado Viejo Continente se debatían en la disyuntiva de dejar hundirse a su divisa con Grecia y los demás o lograr un rescate para apoyar al país balcánico y a todo el sistema financiero europeo, que estaba debilitándose a causa del déficit helénico.
El peligro para la zona euro era que una debacle griega podría actuar como la famosa teoría del dominó, derribando las economías de las naciones con fuertes déficit fiscales.
La crisis griega hay que apuntársela al anterior Gobierno de Costas Karamanlis y a sus amigos norteamericanos que Lehman Brothers, quienes le aconsejaron escamotear el índice del déficit fiscal e informar cifras mucho más bajas que las reales.
Al producirse las elecciones legislativas el año pasado y lograr la victoria el Partidos Socialista de George Papandreu, la maniobra quedó al descubierto y se destapó la Caja de Pandora.
Muchos gobiernos europeos no veían mayores alternativas que darle una mano a Atenas, pero la canciller germana, Angela Merkel, se opuso de una manera tan tajante que parecía que Grecia iba a caer en un abismo financiero y económico.
Papandreu hizo todo tipo de promesas, entre ellas las más duras que debía pagar la población, a cambio de recibir un rescate que le permitiera pagar a los acreedores de su nación.
Al final, el pasado domingo los ministros de Finanzas europeos acordaron una ayuda de 110 mil millones de euros (147 mil millones de dólares), aunque el Gobierno de Papandreu debía ajustarse a condiciones férreas para obtener la ayuda.
El llamado rescate no se sabe si rescata o si hunde a la mitad e la población helena en una situación económica llena de sacrificios.
El jefe del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, quien confirmó además el monto, aseguró que los primeros fondos para Atenas estarán disponibles antes del 19 de mayo, fecha en la que el endeudado país debe pagar 8 500 millones de euros en deudas.
A su pueblo, el Gobierno prometió aumentar el impuesto al valor agregado (prácticamente a todos los artículos) y congelar salarios y pensiones durante tres años para reducir la cuenta negativa en 40 mil millones de dólares. Los platos rotos, entonces, los pagan los trabajadores y la clase media.
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