
La Habana, Cuba.- El 25 de mayo de 1963 marca la creación de la histórica Organización para la Unidad Africana, devenida Unión Africana a partir de julio de 2002.
Los vínculos históricos entre ese continente y Cuba datan de más de cinco siglos, cuando a nuestra tierra llegaron más de un millón 300 mil negros esclavos, arrancados por la fuerza de su entorno natural; humillados y maltratados, vendidos como bestias y sometidos a la esclavitud por las entonces metrópolis.
Desde África llegaron con sus culturas, filosofía de la vida, costumbres culinarias, religiones, tradiciones, danzas y cantos, que fusionaron con las autóctonas y las de otras latitudes, para conformar lo que dio origen al colorido panorama de la identidad nacional.
Para los cubanos, África no es leyenda lejana en el tiempo y la distancia. Para los cubanos, África es parte esencial de su propia historia.
Provenían de diferentes etnias: lucumíes, carabalíes, congos, gangas, mandingas, minas, bibíes, yorubas. Cierto es que los colonialistas amasaron inmensas fortunas a costa del sudor de su trabajo, pero no pudieron impedir que legaran a los nativos sus creencias religiosas y su temperamento.
El pueblo cubano es heredero directo y natural de la gallardía, el arrojo y la cultura de la resistencia de un continente como África, que se ha debatido heroicamente durante siglos entre desafíos y retos, que aún hoy perduran.
Luego del triunfo revolucionario (1 de enero de 1959) cientos de miles de cubanos marcharon a África para luchar por su definitiva independencia. En ese continente Cuba puso en práctica uno de los pilares sobre el que se sustenta su política exterior: el internacionalismo proletario y solidario.
En casi 50 años de férreo y genocida bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, los gobiernos y pueblos africanos han cerrado filas, como un bastión infranqueable, defendiendo el derecho cubano a decidir su destino, frente a la política de sucesivas administraciones estadounidenses de querer destruir a la Revolución Cubana.
Subdesarrollo, hambre, pobreza, enfermedades y conflictos bélicos son males estrechamente vinculados y gravitan en los problemas socioeconómicos que presenta el continente africano.
La ruta de la esclavitud fue parte intrínseca de la descarnada explotación y empobrecimiento de África. Hoy muchos pretenden ignorar, justificar o aún peor, borrar esta triste parte de la Historia contemporánea.
Mientras continúe vigente el actual orden político y económico, donde unos pocos consumen casi todo, y la mayoría de la población del Planeta queda marginada de los llamados beneficios de la globalización neoliberal, la herencia colonial en África no tendrá fin.
África seguirá financiando la opulencia de las naciones ricas, quienes harán promesas de nuevas ayudas oficiales al desarrollo, cumplirán si acaso algunas y seguirán cobrando cientos de veces los montos de las ayudas prometidas por concepto de servicios a la deuda externa.
Los pueblos africanos tienen derecho a la paz, a un orden internacional justo y al desarrollo sostenible. No requieren de paternalismos, sino de formación de capital humano y acceso a los mercados y a las tecnologías. No necesitan de lecciones hipócritas sobre qué es lo que mejor les conviene.
Web premiada con el Premio Internacional OX 2016