
La Habana, Cuba.- Sin lugar a dudas que el resultado de la recesión que golpea actualmente a Estados Unidos hay que buscarlo en su costo enorme en sufrimiento y privación contra las capas mayoritarias de pobres y de la clase media. Aquí, el resultado de la Gran Recesión ha provocado un ascenso del nivel de pobreza, las bancarrotas, las ejecuciones de hipotecas, los sin casa y el incremento de un sentimiento general de ansiedad e inseguridad.
Como expone un informe reciente publicado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la crisis económica ha provocado una consecuencia aún más nefasta: un súbito aumento del hambre en el territorio de la Unión que, según estadísticas de ese Departamento, durante el pasado año elevó la tasa de dicho indicador a más de cincuenta millones de personas.
A los más vulnerables les fue peor que a la población en su conjunto. Entre los hogares con niños, el 22,5 por ciento sufrió hambre, lo que habría que añadir que, de 13 millones de pequeños que viven en hogares con inseguridad alimentaria, la cifra se elevó a 17 millones solo entre 2008 y 2009.
Los estados con la más alta prevalencia de inseguridad alimentaria son Mississippi (17,4 por ciento); Texas (16,3 por ciento) y Arkansas (15,9 por ciento). Las tasas más bajas fueron registradas en Dakota del Norte (6,9 por ciento); Massachusetts (8,3 por ciento) y New Hampshire (8,3 por ciento).
La Secretaría de Agricultura del país atribuyó dicho problema al desempleo, por lo cual como los datos para este informe cubren el 2009 y el desempleo ha aumentado vertiginosamente durante el presente año, las cifras del próximo informe de seguro serán más alarmantes.
Si excluyéramos el costo final en billones de dólares que sumarían el costo final por la realización de dos guerras en el Medio Oriente, la actual Administración --que a diferencia de la anterior está consciente de tal situación--, podría dedicar tan sólo una pequeña fracción del presupuesto que empleó en rescatar a Wall Street y a Detroit.
Igualmente y, según un reciente informe de la organización Fedding America (Alimentar a América), más de doce millones de niños están amenazados con el riesgo de una alimentación no adecuada y de hambre en territorio estadounidense.
Por otro lado, el sitio web Zona Pediátrica Staff, reportó hace unos meses que en la última década, los crímenes por agresión física y sexual han aumentado en la Unión con más de 80 000 casos anuales de abuso sexual a niños, aunque el número de incidentes podría ser mayor, ya que los pequeños temen revelar lo que les sucedió, y el proceso legal al respecto resulta bastante difícil.
En dos estados norteamericanos, como Texas y Mississippi, predomina el castigo corporal contra los alumnos de escuelas públicas. El pasado año el Departamento norteamericano de Educación reconoció que más de 200 000 de esas instituciones recibieron castigos corporales de forma desproporcionada, en especial, niños negros y de educación especial.
Asimismo, el cálculo anual de mujeres golpeadas y violadas en ese país es de entre dos y cuatro millones; en específico, féminas separadas, divorciadas o solteras, y de bajos ingresos. A la par, la tasa de violencia intrafamiliar en las familias que viven debajo de la línea de pobreza es cinco veces más alta que en otras.
Cifras escalofriantes también se evidencian en problemas como la esclavitud sexual. Una información del diario La Opinión, de Los Ángeles, significó que alrededor de 50 000 víctimas son traídas anualmente al territorio de la Unión para la esclavitud sexual; de ellas, tan sólo en la citada ciudad unas 10 000 mujeres viven retenidas en prostíbulos clandestinos. En su mayoría, afroamericanas que constituyen el 12 por ciento de la población del país con un promedio de vida tan sólo de cerca de 34 años.
Por tanto, resulta paradójico que en el País de la abundancia y del llamado Sueño americano, como plantean algunos defensores del sistema, exista un Tercer Mundo de millones de personas que luchan por sobrevivir.
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