
La Habana, Cuba.- Hay que volver sobre lo que está sucediendo en Egipto y las derivaciones que tendrán los escenarios consecuencia de los levantamientos populares que entran hoy en su séptimo día.
En primer lugar, el presidente Hosni Moubarak ha declarado que no abandonará el poder y está haciendo reformas con el fin de preparar una especie de transición, que sea una continuidad o lo más parecido a lo que sucede en ese país desde hace treinta años.
Y es que al parecer las señales que ha recibido desde Estados Unidos, Europa e Israel, Hosni Mubarak es que se mantenga en el poder, que gane tiempo, tiempo que se le está yendo y que mientras transcurre, como cualquier fenómeno de ese tipo, complica más la situación de ese país norafricano.
Y es que en Egipto, y el sostén del régimen de Mubarak, están implicadas muchas estrategias de las potencias occidentales en la región.
Primeramente, Egipto es el principal aliado de Estados Unidos en el mundo árabe y es, conjuntamente con el Reino de Jordania, que también puede confrontar problemas futuros quienes preservan el status quo de Israel, a partir de los llamados acuerdos de Camp David, que Egipto firmara en la década de los setenta con el país sionista.
En segundo lugar el país ejerce su soberanía sobre el Canal de Suez, por el cual pasa la mayoría del petróleo que es consumido en occidente proveniente de los pozos del hidrocarburo de los países del Golfo Pérsico.
Cualquier situación que se produzca por los levantamientos en Egipto y obstaculice el tránsito de los barcos tanqueros, elevarán más los precios que en la actualidad rozan los 100 dólares por barril.
Y en tercer lugar, otro escenario es que se les puede escapar la situación de las manos a Estados Unidos, similar a lo que pasó en Irán, donde las masas destituyeron al régimen del Sha, y establecieron una República Islámica.
Aunque la revolución de Irán fue chiita y la de Egipto es predominantemente sunnita, existen semejanzas.
En la década de 1970 Irán, al igual que el Egipto de hoy, era un importante aliado de Estados Unidos, muy criticado por el respaldo que ofrecía a los objetivos norteamericanos en esa región de Asia.
Según reportes de prensa las declaraciones del Presidente Obama y de la Secretaria de Estado Hillary Clinton evitaron mencionar esa posibilidad, pero dejaron entender que no se permitiría que se formara ninguna clase de "vacío".
La Hermandad Musulmana de Egipto, es una organización islamista, esto es, una organización política con un ideario basado en el islam.
Es el grupo de oposición más organizado del país, que no comparte la agenda pro-norteamericana de Mubarak ni aprueba las relaciones con Israel, puede ser el mejor situado para llenar un vacío de poder que pueda ser resultado de los alzamientos en el país de los faraones.
Esta hermandad tiene ramificaciones en otros países del Magreb y del Medio Oriente y puede propiciar lo que los Estados Unidos, Europa e Israel, tanto temen, que se consuma un efecto dominó y caigan gobiernos como los de Argelia, Yemen e incluso las monarquías más tenaces como la de Arabia Saudita.
Y un último posible escenario es que Mohamad Al Baradei, ex presidente de la Comisión de Energía Atómica y Premio Nobel de la Paz, logre establecer una transición.
La embajadora de Estados Unidos en Egipto, Margaret Scobey, conversó telefónicamente con El Baradei, en otra aparente señal de que Washington está pensando en la era post Mubarak.
Un llamado gobierno de unidad nacional, ya fuera Moubarak del poder, seguiría un guión que se conoce: establecería ciertas reformas, mantendría alguna estabilidad en el país, y quizás las alianzas necesarias. Hasta nuevas jornadas de protesta.
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