Ese sol del mundo moral

2011.01.17 - 10:38:15 / web@radiorebelde.icrt.cu / Astrid Barnet Rodríguez

José Martí
La Habana, Cuba
. - La sociedad es el resultado de las relaciones existentes entre el hombre y la naturaleza que incluye además a las clases sociales y sus contradicciones, el poder, los vínculos y conflictos entre los estados, los problemas locales, globales y medioambientales y a la cultura e historia en general, entre otros fenómenos.

Resulta lógico plantear entonces que, producto de esta gran madeja de fenómenos y problemas, es permisible admitir la inexistencia de una sociedad perfecta en el Planeta, si se parte analíticamente de que lo más importante en una sociedad no es la perfección de sus estructuras, sino los equilibrios que le confieren eficiencia al funcionamiento del organismo en su conjunto y su movimiento evolutivo siempre ascendente.

Al respecto habría que significar que, en la etapa actual de desarrollo histórico y social, no es el sistema socialista el más necesitado de cambios estructurales, sino el capitalista, por su perenne resistencia a considerar reformas de todo tipo (en especial sociales), hasta desembocar en períodos de violentas luchas de clases -distintos países latinoamericanos, constituyen ejemplo de ello-, o en revoluciones como la del 1ro de Enero de 1959 en la Mayor de las Antillas.

Son etapas trascendentales en la vida de un país y pueblo. Y, en el caso cubano –casi a las puertas de un próximo Congreso del Partido Comunista de Cuba-, se programan (y ya algunos se llevan a cabo), profundos e inmediatos cambios para corregir defectos estructurales –lo nuevo imponiéndose a lo viejo-, y se exhorta al esfuerzo, conciencia y ante todo a la inteligencia y análisis colectivo.

Desde el triunfo revolucionario han tenido lugar en Cuba varios momentos en que se ha ido avanzado hacía cambios estructurales impulsados por Fidel y Raúl; hacia cambios en que, a partir de un amplio análisis crítico y autocrítico, se han procurado atacar (y contener a tiempo) errores diversos. Se les califica de errores del idealismo, mas ¿qué proceso revolucionario no lo ha sido o es? Repletos de un romántico idealismo partieron todos aquellos hombres del 68 hacia una contienda emancipadora, sin más armas que las ideas; románticos también idealistas, aquellos otros que la continuaron con la estrella de Martí, iluminada en la constitución de un Partido (el Revolucionario Cubano) que logró aunar a dos generaciones y a una emigración; románticos idealistas igualmente los de la Generación del Centenario, con un Fidel que inició una Revolución con tan sólo doce hombres.

La próxima cita partidista, decisiva históricamente, nos exhorta a todos a retomar procesos, a enriquecerlos, a avanzar y a saber valorar que las estructuras no se cambian por sí mismas. Las cambian los hombres dignos, aquellos cuyos consensos se establecen en conexión con la base, con los trabajadores, estudiantes, mujeres, jóvenes y niños…Con el pueblo.

Esta es una obra de revolucionarios. De revolucionarios pensadores, consecuentes y unidos con su Patria y su tiempo. Tiempo que no se puede perder bajo ningún concepto, pues siempre el enemigo continuará acechando, meditando cada minuto y segundo en cómo exterminarnos. Es el Colonialismo, en suma, en versión contemporánea, estimulado por el odio, la desesperación y el miedo ante la larga resistencia y el ejemplo, para América Latina y el resto del mundo del primer Estado socialista del hemisferio occidental.

Es también tiempo de cultura, de identidad, para recordar al escritor cubano Cintio Vitier, quien en su libro Ese Sol del Mundo Moral -cuyo título recuerda uno de los pensamientos más imperecederos del “inefable” y “Padre amoroso del alma cubana”: José de la Luz y Caballero-, enaltece aquellos períodos claves en el proceso de formación de la nacionalidad cubana, de su continuidad ética en tiempo y espacio hasta enarbolarse dialécticamente en toma de conciencia, y consolidarse a partir de la figura del más grande y universal de todos los cubanos: José Martí.

Clara y profunda la luz de Martí al enjuiciar al maestro Caballero testigo de una época cuando aún la trata y esclavitud sobresalían entre las actividades y hechos más ignominiosos e inhumanos.

Y es así cómo en una de sus últimas alocuciones ante un concurrido auditorio en el colegio El Salvador, Caballero dijo: “Antes quisiera, no digo yo que se desplomaran las instituciones de los hombres -reyes y emperadores-, los astros mismos del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de justicia, ese sol del mundo moral”.

Ese sol del mundo moral, que todos debemos preservar y defender, símbolo de nuestra cubanía, principios y luchas y que, a las puertas de otro Congreso, iluminará la mente de cada revolucionario en otro nuevo tiempo de Revolución.



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