
Hay veces que la mano se niega a escribir lo que puede ser una verdad evidente. No hay recurso mental en que nos podamos refugiar para no escribir que el gran venezolano, el hombre trascendente, el guerrero en los frentes político y de combate castrense, el padre, continuador de la obra del Libertador Simón Bolívar y de otros Padres Fundadores, fundador él mismo de la nueva nación venezolana y del socialismo del Siglo XXI: el Comandante Presidente Hugo Chávez, ha muerto.
Y es que la mente del que esto escribe, busca una escapatoria, un refugio para no decir que ya no está el luchador por la vida, que se ganó el cariño y la admiración de todos los hombres de buena voluntad por encima de fronteras, debido a la entrega total de su corta vida a las legítimas aspiraciones de su pueblo y de toda América.
Y es que como dijo el apóstol de la nación hermana de Cuba, José Martí: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.
Los analistas, los teóricos del sistema de mercado, los tanques pensantes del imperialismo occidental y muchos políticos de los centros de poder del capitalismo y de las oligarquías nacionales, no se avienen a pensar que el mundo está cambiando y que, como diría el presidente ecuatoriano Rafael Correa, “no es una época de cambios sino, un cambio de época”.
Y como se ha podido constatar, el presidente Chávez, fue uno de los motores impulsores de estos cambios del socialismo del nuevo siglo y milenio, que perfecciona la obra iniciada por Fidel Castro, en el nuevo escenario de nuestra región y que desconciertan a los reaccionarios, aglutina a los revolucionarios y convoca con sus verdades y ejecutoria a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Resulta incomprensible para algunos pertenecientes a los círculos oligárquicos que, desde la independencia hacia acá, siempre han detentado ese poder subsidiario en nuestras naciones, que dirigentes como Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, Cristina Fernández y en las próximas elecciones en Brasil, la ya nominada Dilma Roussef, puedan acceder varias veces, por elección popular, a las más altas magistraturas de sus países.
Logran estar en esas posiciones cimeras porque, como se ha dicho y se ha podido constatar, la época ha cambiado; ya los pueblos no van detrás de los cantos de sirenas de los partidos políticos y su artillería pesada: los órganos de prensa, que, en la actualidad, ante el desprestigio de sus tutores de la partidocracia, han pasado a la primera fila en el combate por el dominio de sus pueblos y su futuro.
Estos nuevos líderes de nuestras patrias americanas, entre los que descuella por derecho propio, el presidente Hugo Chávez, han sabido proporcionar un legado de lucha, amor y esperanza que nos impide volver atrás y nos compele a alcanzar las altas cimas con la que soñaron los libertadores.
Como se ha dicho: ha caído el presidente venezolano, Hugo Chávez, ha caído un gigante… “por el momento”.
Ha caído el héroe… comienza la leyenda.
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