La impunidad de criminales de Estado

2011.02.09 - 08:02:02 / web@radiorebelde.icrt.cu / Ariel Larramendi

George W. Bush corre el riesgo ser arrestado
La Habana, Cuba.-
Muchas personas en el mundo, se preguntan hasta cuando se mantendrá la impunidad de algunos gobernantes o estadistas que en su tiempo conspiraron contra sus pueblos, agredieron a otras naciones irrespetando el derecho internacional o cometieron genocidio dentro o fuera de sus fronteras.

Una noticia se hizo pública en estos días: el ex presidente norteamericano George W. Bush corre el riesgo de ser arrestado por ser el máximo responsable de la aplicación de torturas antes y después de la guerra sangrienta contra Iraq, con el apoyo de los entonces gobernantes José María Aznar de España y Anthony Blair, de Gran Bretaña.

Muchos recuerdan que el Secretario de Estado de los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford, la eminencia gris del golpe militar en Chile y la entronización de Augusto Pinochet, Henry Kissinger, rompió una inercia de viajes de conferencias políticas en Europa cuando se olio que podría ser llevado a los tribunales por su papel comprobado en el plan de Terrorismo de Estado en el cono sur latinoamericano.

Las consecuencias de esas licencias otorgadas por Washington para asesinato extralegal, la tortura y el secuestro de personas por encima de las fronteras de los países implicados, conocido como el Plan Cóndor, sería una buena causa para juzgar a este criminal de cuello y corbata Henry Kissinger, que ya teme dar conferencias sobre política fuera de Estados Unidos.

Como se conoce también la impunidad de uno de los dictadores más sangrientos, Augusto Pinochet, que preparó una sucesión segura de su régimen y de su persona al interior de Chile, fue detenido en Londres y sometido a un proceso criminal, que aunque no tuvo consecuencias, encendió una luz roja para otros altos criminales de Estado.

La salida de Pinochet de Gran Bretaña demostró que el rasero no es igual para los aliados de Washington que para los que desafiaron su poder.

Tal es el caso del presidente serbio Milovan Milosevic, llevado al tribunal de la Haya por genocidio por su oposición a la fragmentación de su país y a las exigencias nacionalistas de otros, que también cometieron genocidio, en una guerra bochornosa instigada por Estados Unidos y Europa.

A instancias y por presión de Washington se puede otorgar, por parte de organizaciones internacionales a algunos gobernantes que fueron sus aliados, una cierta inmunidad, nombrándolos en cargos para burlar posibles juicios penales por actividades contra sus pueblos, como es el caso del ex presidente Álvaro Uribe, de Colombia, considerado un narcotraficante y sostenedor de organizaciones paramilitares.    

Sin embargo, personas honestas en el mundo se preguntan sobre el hecho de “el porque” muchas naciones dan albergue a criminales, torturadores y delincuentes gubernamentales del primer nivel, después que han sido derrocados o repudiados por sus pueblos.

Un ejemplo clásico es el regreso de Baby Doc Duvalier a Haití, auspiciado por Francia, que le sirvió de refugio después de su itinerario sangriento, y de Estados Unidos, controlador de la situación interna, que autorizó su llegada.

Muchos analistas argumentan que detrás de retiros o jubilaciones de criminales de cintas presidenciales en países de Europa y Estados Unidos, están las grandes fortunas que disponen en bancos  de esa naciones o, la recuperación de centenares de millones de dólares que han logrado por diferentes tráficos ilegales.

Para avalar esta aseveración ponen como ejemplo el caso de Manuel Noriega, presidente de Panamá, que amasó centenares de dólares por el narcotráfico y que fuera extraditado a Estados Unidos, según suponen analistas, para confiscarle su fortuna y sus cuentas en paraísos fiscales y en el propio Estados Unidos.

Señalan algunos historiadores que mientras Washington y Europa auspicien dictadores amigos, no acabará la impunidad.



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