
La Habana, Cuba.- En muchas ocasiones el cariño se transforma en odio o por lo menos en frustración cuando no se logran los fines buscados.
No es que haya odio, al menos no en los países subdesarrollados, invitados constantemente desde hace muchos años a incorporarse a lo que se llama el estilo de vida norteamericano, o American Way of Life, o en general sistema de vida occidental.
Este sistema de vida occidental, como se propagandizó durante mucho tiempo, tanto en el sur pobre como en el este de los países socialistas, era el sistema del consumo sin límites siempre que el aspirante a esa vida pudiera asimilarse al medio, que no era otro que el del capitalismo desarrollado.
El modelo de capitalismo de las metrópolis neocoloniales de Europa o de los que se beneficiaron, aún sin haber tenido colonias, de las riquezas extraídas por las transnacionales de los países subdesarrollados o de la periferia, se erigió como paradigma para todos en el mundo, potenciado este modelo por los medios masivos de comunicación desde que surgieron.
Lo habitantes de las naciones pobres del sur, cautivadas por los cantos de sirenas del sistema de vida llamado occidental, trataban de llegar por cualquier vía a las naciones del centro, a las metrópolis del norte, para gozar, según sus esperanzas, de las riquezas y de los paraísos capitalistas.
Incluso, el modelo capitalista de los países desarrollados fue utilizado por los tanques pensantes para socavar la ideología socialista, pregonando que la alternativa al socialismo era el capitalismo europeo o del norte desarrollado.
Nada se hablaba del capitalismo clientelista, dependiente y marginal del Sur.
Caído el Muro de Berlín y desintegrada la Unión Soviética, en los países del antiguo campo socialista hubo una correría hacia al oeste.
Ahora los sueños han terminado, los llamados estados del bienestar general europeos, creados para oponerse a las nuevas democracias surgida con el socialismo, están colapsando.
Y es natural, los países capitalistas desarrollados basaron su bienestar actual en la obtención de energía y materias primas baratas extraídas durante siglos de los países del llamado tercer mundo, lo que los ha sumido en la pobreza.
Tal invasión de los ciudadanos de los países socialistas, unido a los emigrantes que constantemente llegan de África en su pateras, y los que cruzan el Río Grande procedentes de México y otros países del sur, han obligado a las naciones ricas a establecer una especie de blindaje que se refleja en las nuevas leyes antiimigrantes y en la represión en los bordes fronterizos.
Ello, unido a la crisis económica que azota a los países desarrollados y como consecuencia a todo el mundo, hace inviable el capitalismo como sistema.
Se ha publicado que para mantener en el mundo un sistema de consumo similar al del Américan Way of Live, el estilo de vida norteamericano o simplemente del occidental desarrollado, es necesario otro planeta tierra más para extraer de él las materias primas, minerales y petróleo.
Como no es posible, y el sistema debe mantenerse en las naciones ricas, entonces la alternativa es la guerra de depredación sobre las regiones a los que se puede arrebatar por la fuerza sus riquezas.
Esa es la esencia del imperialismo actual.
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