• Tuesday, 07 de July de 2020
  • La maquinaria propagandística en las elecciones

    2010.11.09 - 16:22:32 / web@radiorebelde.icrt.cu / Ariel Larramendi


    Congreso de Estados Unidos. Foto: Cubadebate
    La Habana, Cuba.- Muchos en Estados Unidos se ufanan de la democracia que rige en sus elecciones enarbolándose a los cuatro vientos como modelo para otros países.

    Algunos desde Estados Unidos me escriben señalándome que si los votantes, que califican como pueblo, o como mayoría tomaron esa decisión en las urnas, ellos como personas democráticas, como estadounidenses de cualquier de los dos partidos: Republicano o Demócrata, aceptarán esa decisión soberana.

    Se puede decir que la democracia no se define de una manera estática, paralizada o estancada: “esta es la democracia y ya”, lo que se diferencie de esta, nuestra democracia, no es democracia.

    Para muchos filósofos y científicos sociales, la democracia es un movimiento dinámico y emprendedor de un sistema político hacia un objetivo en que el gobierno, que surja de esa tendencia sea la participación cada vez más amplia de los gobernados o sea el pueblo, sujeto y también objeto del quehacer democrático.

    De esta forma, la democracia es más que una tendencia, es una directriz hacia un sistema de gobierno que debe ser promovido por los mismos que deben llevarla a cabo: electores y elegidos que con su accionar también pueden desviarla de los fines que se buscan en este proceso.

    Si tomamos como modelo de democracia aquella que está definida teóricamente como “el gobierno de la mayoría del pueblo”, podemos hacer un análisis de lo sucedido el martes pasado en las elecciones llamadas de medio término en Estados Unidos.

    Los medios de prensa en Estados Unidos han publicado que a las urnas fue el 40% de los votantes inscritos. O lo que es lo mismo, el 60% de los votantes, estoy refiriéndome a los inscritos, ya que hay muchos con derecho a votar que no lo hacen, no votó.

    Más de la mitad de los que ellos llaman la mayoría se abstuvo de asistir a esta votación de medio término, donde si vamos a la realidad, eligen a congresistas, representantes casi verdaderos, a una parte de los senadores y a un grupo de gobernadores.

    Una elección que llamaríamos la única directa ya que, como se sabe, el presidente de Estados Unidos se elige indirectamente por los colegios electorales de los estados.

    Incluso esta forma de elección indirecta puede ser proclive a golpes de estado, como sucedió en la Florida, que fue judicial, con la primera elección del presidente que hablaba con Dios, George. W Bush, premio innoble de guerra.

    No se nos pierda de la memoria.

    Si a todo lo dicho agregamos que el 40% de los que votaron en las elecciones pasadas estaban divididos, digamos, casi a la mitad entre republicanos y demócratas, con mayor tendencia a los republicanos, podemos decir simplemente que esos elegidos gobiernan con alrededor del 20% de los votantes y aún menos. Que simplemente no es la mayoría, como exige una democracia que se respete.

    Pero si decimos que sobre esos votantes se aplicó una maquinaria propagandística de persuasión con un costo de más de cuatro mil millones de dólares, entonces estamos hablando de una caricatura de democracia tutelada por los lobbys empresariales.

    El cineasta Michael Moore al referirse a estas elecciones señaló: “la única cosa que da más alegría a los jefes empresariales que no pagar impuestos, es lograr que vote la menor cantidad de gente posible”. Creen, dijo Michael Moore, que han comprado estas elecciones.

    Al parecer lo han logrado.


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