La Habana, Cuba.- Aunque parezca un razonamiento filosófico y en realidad lo es, es importante discernir entre lo que conceptualizamos como aparencial, lo supuesto y lo fenomenológico o lo esencial en los hechos humanos. O lo que es lo mismo el hecho que aparenta ser y lo que es en su naturaleza y en la realidad.
Muchos analistas señalan que un evento determinado es apreciado por la persona a la que va dirigido, de acuerdo al país en que resida, sus circunstancias personales, su cultura, su inteligencia y la cantidad y calidad de la información que los medios de comunicación desencadenen sobre esta persona.
De lo que se trata toda esta teoría es que el individuo, en el mundo actual, está siendo bombardeado por un flujo de mensajes sin precedentes en la historia de la humanidad y que tiene que ver con las fuentes mediáticas y su pertenencia y lo que se quiere lograr, la persuasión, el engaño o motivarlo a actuar de acuerdo a esos mensajes de los medios de información.
De lo que se trata es, por ejemplo, que la percepción que tiene una persona japonesa sobre las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, que ocasionó más de 150 mil muertes y la calcinación de esas dos ciudades, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, no es la misma apreciación o enfoque que pueda tener un ciudadano norteamericano medianamente informado sobre tal evento.
Mientras el ciudadano japonés considera que el lanzamiento de las bombas atómicas sobre sus dos ciudades, fue un hecho brutal de desmedido genocidio, más aún cuando ya habían perdido la guerra y se venían a rendirse, el ciudadano norteamericano ha sido aleccionado de que el hecho era necesario, bajo la premisa de que esa acción podría evitar la muerte de más soldados norteamericanos en esos finales de la guerra.
Hoy, los historiadores conocen que el lanzamiento de tales bombas cumplía un doble objetivo estratégico por Estados Unidos: evitar la participación de la Unión Soviética en la etapa final de la guerra contra el Japón, a la que estaba comprometida y demostrarle a ella y también a aliados tácticos y estratégicos que Estados Unidos poseía el arma atómica y que podría utilizarla sin remilgos, contra ciudades soviéticas, como se ha publicado en documentos desclasificados norteamericanos e ingleses de aquella época.
En la actualidad los desafíos en el mundo, marcan lo aparencial que Estados Unidos promueve: que el desarrollo del programa atómico de Irán pretende dotarse con el arma atómica y el hecho esencial de que en los planes estadounidenses, con la ayuda de Israel, que sí posee armas nucleares, liquidar al país persa como potencia regional y rediseñar sobre el área una nueva geografía acorde con los planes hegemónicos del imperialismo.
O lo aparencial en otra latitud, convencer a la opinión pública de que Corea Democrática ha sido la causante del hundimiento de la fragata Cheonan, para demonizarla y lo esencial del fenómeno, propiciar un escenario para, convirtiéndola en un Estado Villano del Eje del Mal, aislarla y liquidarla como nación.
Lo importante, discernir sobre las apariencias el bombardeo de información y lo esencial o fenomenológico, es analizar la historia, que nos enseña como despejar la X.
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