
La Habana
El asunto es que los bancos son hijos de su sistema y funcionan para él, por tanto, su gran interés radica en obtener más dinero. Si inicialmente acopiaban el numerario de la población y lo pasaban a los empresarios industriales con sus intereses (para cobrar después), al surgir las bolsas pasaron a acciones de especulación.
Con un buen estudio de las empresas que se cotizaban en los mercados de valores, hacían sus operaciones e incrementaban su capital rápida y fácilmente.
A los bancos les surgieron derivados como compañías de seguros, de hipotecas y de todo tipo. Entonces decidieron pasar a la ilegalidad para ganar más.
Y vea usted que el 17 de marzo del 2010 la agencia AFP reportó desde la ciudad de Miami (de dónde si no) que carteles de la droga mexicanos lavaron cientos o miles de millones de dólares empleando el Wachovia Bank, uno de los mayores de Estados Unidos.
¿Sorpresa? No. Hace mucho que se sabe que los bancos norteamericanos más poderosos se dedican al lavado de dinero sucio procedente de todo tipo de delitos, aunque sea uno que atenta contra su propio pueblo como el narcotráfico.
La red bancaria estadounidense —y hasta la red financiera— es realmente un enorme engranaje para lavar el dinero de la droga, del comercio clandestino de armas y de cuanto negocio ilícito hay. Reciben dinero de procedencia oculta, lo invierten y al cabo de un tiempo lo devuelven a los grandes capos o gangsters ya limpio, porque se puede decir de dónde se recibe.
En cuanto al Wachovia, el asunto no es del otro mundo. Se habla de 420 mil millones de dólares en cuatro años, pero como algunas cosas se descubren, fueron sorprendidos en el salto y el Departamento de Justicia “actuó”.
Llegó con la directiva bancaria a un acuerdo para que pagara un total de 160 millones y en 12 meses se descarta la criminalidad de las operaciones que realizaba.
Estados Unidos no es un país que ataque mucho a los denominados paraísos fiscales, donde el secreto bancario es absoluto y no se le entrega a ningún gobierno información sobre las cuentas ni sus propietarios. No le conviene porque hay muchos millonarios norteamericanos (incluyendo narcotraficantes) que esconden en esos sitios sus dineros mal habidos.
También hay unos cuantos estados estadounidenses que son ellos mismos paraísos fiscales y entonces cuesta mucho trabajo tirar piedras a los tejados vecinos cuando el techo propio es de vidrio.
Al final, la red de lavado de dinero tiene sus representantes en el Gobierno y siempre llega a arreglos como el alcanzado (después del concebido regateo) entre el Wachovia Bank y el Departamento de Justicia. Comprendan, por favor, se trata de la misma gente, no se podía esperar otra cosa que una “solución honorable”.
Vito Corleone era un niño de teta.
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