
La Habana, Cuba. - “Esto es más bien una cacería”, escribe en su reporte el periodista Mateo Mabin, del canal Francia 24 enviado especial en Trípoli. “Lo que vemos –concluye el corresponsal- es sin dudas la fase más triste de la guerra”. Las imágenes ahora dejan ver cadáveres por doquier, cuerpos carbonizados, y escombros de lo que ha quedado tras las bombas.
Una indiscutible cazería neocolonial disfrazada de “intervención humanitaria” y cuyos fines están claros: petróleo, dinero y posicionamiento geoestratégico para las grandes potencias occidentales.
Pensando a futuro, ya Abdeljalil Mayuf, director de información de una compañía libia opositora dijo como era de esperar: “No tenemos problema con las compañías de países occidentales como Italia, Francia y Gran Bretaña. Pero puede que tengamos algunos inconvenientes políticos con Rusia, China y Brasil”.
No hay dudas de que los ganadores de la riqueza del petróleo libio son los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y sus grandes compañías implicadas, aunque es cierto que tardará algún tiempo para que ese crudo retorne completamente al mercado, posiblemente hasta dentro de unos 18 meses. Para ello habrá que restaurar antes todo lo bombardeado, sin olvidar que en Iraq, por ejemplo, todavía no se ha reconstruido mucho de todo lo que el Pentágono arrasó en el 2003.
Antes de la intervención, Libia estaba produciendo 1,6 millones de barriles al día. Cuando vuelva a ponerse en marcha la producción, los nuevos gobernantes podrán tomar alrededor de 50 mil millones de dólares al año. Quepa recordarse que las estimaciones sitúan las reservas de petróleo allí en unos 46 mil 400 millones de barriles.
El sector bancario imperialista es otro de los beneficiados. Hace un tiempo el sitio digital WikiLeaks reveló informaciones de cómo la privatización del banco central de Libia era considerada como una “oportunidad” dorada para las desvencijadas instituciones bancarias norteamericanas.
El genocidio cometido en Libia redujo a la nada las ideas gadafistas de librarse del dólar estadounidense y del euro para que las naciones árabes y africanas comenzaran a comerciar con una nueva moneda única: el dinar de oro. Hay que recordar que la mayoría de las naciones africanas –y muchas árabes– respaldaron ese propósito hace escasos meses atrás.
Obviamente la sola intención de buscar la independencia monetaria también despertó la furia de Washington y de la Unión Europea (UE), e hizo llamar a la OTAN para el “rescate” del cual hemos sido testigos.
Inicialmente ya los saqueadores atlantistas tienen al menos 270.000 millones de dólares de las reservas internacionales libias.
Si bien no se sabe con certeza cómo se desarrollará la próxima etapa de la guerra, puede inferirse que lo peor está por llegar. Existen razones de sobra para creer que lo que viene puede convertirse en una repetición de los escenarios de Afganistán y de Irak.
Con bases ahora en Libia, Estados Unidos y la OTAN intentarán reducir a la nada a la Unión Africana, a la Liga Árabe, y al Consejo de Cooperación del Golfo.
En las últimas horas, los representantes de los centros de poder de Europa no han escondido sus intenciones en declaraciones divulgadas por la prensa internacional.
El diario inglés Daily Telegraph reporta que el Reino Unido pretende intervenir en territorio libio con lo que llama una "misión de estabilidad" para apoyar al autoproclamado Consejo Nacional de Transición.
Por su parte, el presidente francés Nicolás Sarkozy, declaró que su administración continuará participando en las operaciones militares. Sarkozy ha añadido: "pasamos de la época de la colaboración militar a la colaboración civil".
¿Colaboración civil?. Parece que así le llaman ahora a las ocupaciones terrestres en el mismo lenguaje en el que a los civiles asesinados se les denomina “daños colaterales”.
Por último, la canciller alemana Angela Merkel ha dicho que no descarta que sus tropas participen en lo que se ha citado ahora como “una misión de paz”.
Lenguaje engañoso y rapiña legitimada en estas declaraciones del poder mundial.
¿Misión de paz en una guerra en la cual la OTAN realizó cerca de 20 mil incursiones aéreas, incluyendo 7 500 bombardeos? ¿Estabilización luego de la destrucción de las infraestructuras libias?
De lo que sí puede hablarse es de una guerra de cuarta generación, de las más modernas, después de que los cazas hayan arrojado bombas de hasta una tonelada guiadas por láser cuyas cabezas penetrantes de uranio empobrecido y tungsteno son capaces de destruir hasta los edificios más fortificados. Y qué decir de los misiles guiados por láser Hellfire, entre otros, lanzados a 8 kms del objetivo por aviones estadounidenses telecomandados Predator/Reaper, usados también en Libia.
De lo que también puede hablarse es de una cacería como describe el reporte de la televisión francesa al que me referí al inicio. De una cacería, en la cual lo peor está por llegar.
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