¿Qué más se puede decir?

2010.10.25 - 08:40:55 / web@radiorebelde.icrt.cu / Joaquín M. Rivery Tur

Crisis financiera
La Habana, Cuba.- Es muy difícil que los miembros del equipo de Barack Obama puedan sacar argumentos de la manga o de la chistera para hacer un acto de magia con los síntomas de la economía norteamericana.

Son malos. Están enredados en dos guerras —porque es falso que la contienda en Iraq haya terminado— los signos de recesión marcaron la semana económica pasada en EE.UU. y no hay nada alentador.

Recordemos un poco: déficit fiscal en aumento, balanza comercial deficitaria, desempleo mantenido en porcentaje y creciente en números absolutos, endeudamiento descomunal y un dólar que arrastra su valor por el suelo por el peso de las impresiones sin fin.

La recesión no se esconde. Con un vistazo al desplome de las bolsas por las malas noticias bastaría para ver el fantasma que aterroriza los pasillos de la Casa Blanca, porque el gobierno no acaba de dar buenas noticias sobre la economía.

Inversionistas y banqueros consideraron que una contracción inesperada ante la falta de recursos financieros en el sector de los servicios fue la evidencia de que la economía de Estados Unidos sigue mal.

El Departamento del Trabajo informó que la semana cerró con la mala noticia de que el sector privado eliminó más de 95 mil empleos en septiembre.

Con el objetivo de paliar un poco la crisis crediticia, la Reserva Federal (FED. Banco Central) anunció que inyectará a partir de la próxima semana otros 45 mil millones de dólares al mercado, pero eso no resuelve el problema y tenemos que la Merril Lynch continúa pronosticando una recesión mucho peor que la vivida en 2001.

Alan Greenspan, ex jefe de la FED, destacó que el índice de actividad industrial, que cayó en agosto en 48 por ciento, tras varios meses por encima de la barra de 50, señala una contracción de la economía.

Y podemos añadir al potaje que el Citigroup, principal banco estadounidense por activos, anunció la pérdida de 10 mil millones de dólares en el mes de agosto. Las grandes corporaciones, los grandes capitalistas, hacen malabares con tal de salir del hueco y obtener más ganancias, aunque los pronósticos son sombríos.

En los momentos cruciales del torbellino económico de 2009, los bancos y empresas industriales recibieron dos billones de dólares del Estado, de los contribuyentes, para ayudarlos a capear el huracán desatado, pero sin significado alguno para los ciudadanos.

El más tenebroso de los indicadores, el desempleo, no tiene solución. Desde hace casi tres años el índice de desocupación en territorio norteamericano fluctúa entre 9,5 y 10 % y nada indica que puede mejorar para el 2011, si lo hace. Las cifras se proyectan inmovibles, lo que significa que el desempleo aumenta, porque cada año se incorporan a la vida laboral cientos de miles de jóvenes.

Los que perdieron su trabajo en medio de la recesión están comprobando que hay plazas disponibles en sus campos laborales, pero que tal vez ya ellos no estén calificados para llenarlas con los nuevos requisitos de los empresarios.

Ahora las corporaciones se han hecho más productivas empleando menos gente. Algunas les exigen a sus empleados que asuman más funciones, que antes se repartían entre varias personas. Ahora, quienes esperan ser empleados en el mismo campo, deben satisfacer más requerimientos.

Es preciso tener en cuenta que Estados Unidos ha exportado infinidad de fábricas hacia el Tercer Mundo para explotar mano de obra barata y que en su territorio conservan fundamentalmente la industria de alta tecnología (siempre incluyendo la producción de armamentos muy modernos, programados por computadoras), el inestable sistema financiero y empresas de servicios.

En sus intentos de salir de la recesión a como dé lugar, las empresas simplemente obligan a los trabajadores que realicen más tareas que antes por los mismos o menores salarios.

El que haya tantos requisitos hace hoy más difícil ocupar las plazas disponibles y explica por qué muchas compañías se quejan de que les cuesta encontrar personal calificado por más que en Estados Unidos haya ahora un promedio de 4,6 candidatos para cada plaza disponible.

El caso de Bayer MaterialScience, una unidad de Bayer, simboliza lo que sucede. Cuando la empresa quiso contratar este año un nuevo director de salud, seguridad y medio ambiente, y, después de entrevistar a 30 candidatos, terminó por rechazarlos y dar la plaza a un empleado de la empresa que conocía el trabajo y estaba dispuesto a asumir mayor contenido.

Los empresarios se empeñan en que sus utilidades las mantengan o aumenten los trabajadores y sean ellos los que paguen los platos rotos de una crisis, cuyo primer resultado ha sido la disminución de los ingresos de los empleados, que ahora deben saber y rendir más. Para eso hay en Estados Unidos 15 millones de desempleados. ¿La crisis? Bien, gracias. Sigue su camino.
 



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