
La Habana, Cuba.- Un agente fronterizo mató de un disparo a un adolescente de 14 años del lado norteamericano en un puente internacional cerca del centro de El Paso, Texas. El adolescente se llamaba Sergio Adrián Hernández Huereca, dijeron en un comunicado las autoridades del estado de Chihuahua, y nada indica que estuviese armado.
Doug Mosier, portavoz de la agencia estadounidense de Aduanas y Protección Fronteriza, pidió llamar al FBI para obtener más detalles del caso. Andrea Simmons, portavoz del FBI, dijo que no tenía más información ni sabía dónde estaba la persona baleada ni su estado de salud. Agregó que el agente resultó sin heridas.
Es claro. Si usted tiene a una persona detenida y le dispara a mansalva, usted va a resultar ileso. No se dijo la identidad de matador.
Hace menos de dos semanas, el migrante mexicano Anastacio Hernández, de 32 años, murió luego que un agente de Protección Fronteriza lo electrocutó con una pistola de descargas eléctricas en el cruce de San Ysidro, entre San Diego y Tijuana, donde estaba también detenido.
Aquí no hay juego a las escondidas del FBI. Un médico forense de San Diego, California, certificó el caso de homicidio.
Da lo mismo que un mexicano sea asesinado con una pistola que emite descargas eléctricas (le provocó un paro cardiaco a Sergio Adrián), o que un miembro de la famosa Patrulla Fronteriza le descerraje un tiro en la cabeza a otro mexicano.
Son asesinatos que denotan un aumento de la ferocidad de las autoridades, quizás bajo la influencia del nuevo movimiento fascista norteamericano conocido como Tea Party.
Los miembros de esta organización son racistas, violentos, antisemitas y no admiten a nadie que no sea blanco en sus filas, no importa que sea judío. No hace mucho efectuaron un congreso en Tennessee y su líder más visible, nada menos que la torpe ex candidata vicepresidencial republicana, Sarah Palin, una ultraderechista, llevó el populismo hasta el grado de elogiar la ignorancia como muestra de autenticidad.
Imagine usted lo demás. Según el diario español El País, de derecha, uno de sus hombres sobresalientes en Arizona es J. D. Hayworth, un bocón de una radio local que, en definición de The New York Times, "cada día ataca, y no siempre por este orden, la inmigración ilegal, la pérdida de patriotismo en el país y todo lo que hace Obama".
Los miembros del movimiento del Tea Party son hombres blancos de poca instrucción, que no se han visto favorecido por los buenos contactos, el dinero fácil, y que han ido engrosando durante las últimas décadas una clase media, que fue orgullo de la nación en los años cincuenta, pero que ha sido despiadadamente maltratada por la última revolución tecnológica y la reciente crisis económica, dice El País.
Por tanto, descargan su ira sobre los inmigrantes, las minorías raciales y los dirigentes políticos, sobre todo demócratas. Se alegran cuando un republicano gana un escaño y pretende que “Estados Unidos sea sólo para los verdaderos americanos”. Entienda usted eso ¿Quieren dejarle la nación a sus habitantes originarios? No, también los discriminan. Tal vez todo se parezca más a aquella Alemania que quería Hitler.
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