
La Habana, Cuba.- Las circunstancias que rodean los sucesos en Libia, hacen que los pueblos y sus dirigentes en el mundo, que quieran seguir un rumbo de independencia nacional, estén preparados.
Los países de economía emergente, no importa que estén en la esfera del capitalismo, fundamentalmente aquellos que tienen recursos de carácter estratégico, deben detenerse un momento y reflexionar como ha llegado en Libia hasta los momentos actuales y lo que ello significa para la geopolítica en el mundo.
De más está decir que lo que está sucediendo en ese país norafricano, la confusión por falsas informaciones creada por los medios de comunicación occidentales, la utilización de las nuevas tecnologías en el terreno para influir en grupos desafectos, quizás ellos mismos aupados por intereses extranjeros para la lanzarlos a la insurrección, constituyen esquemas de desestabilización que pueden ser ensayos para ser aplicados en otros países.
«Una comunicación indecente, es decir, desprovista de valor intelectual, de decencia, de cultura y manipulada, engañosa, bajo las múltiples formas que pueden inducir al error a aquellos que la reciben, ha dicho el periodista italiano en medios de comunicación Giulietto Chiesa, priva a la población de medios intelectuales para defenderse.
Un país, aunque se vanaglorie de informado, no se puede considerar una democracia si una gran mayoría de su población está sometida a una comunicación manipulada y a una información fundamentalmente falsa.
Después de los primeros momentos de confusión mundial a todos los niveles en los países de occidente y de su opinión pública y tratando de despejar la x, es evidente que en un horizonte cercano hay una jugada cantada.
No es ocioso repetirlo, Estados Unidos de América junto con Francia e Inglaterra, miembros del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas han comenzado a hacer presión para favorecer una intervención militar en Libia, derrocar a Gadafi y hacerse con el control total de los recursos hidrocarburos libios.
Los primeros pasos de crear áreas de restricción aérea ya se están dando, aunque haya que bombardear baterías en tierra.
No importa que esos mismos insurgentes como aquellos que apoyan a Gadafi, o sea ambos bandos, hayan rechazado una intervención militar extranjera, la decisión tomada por los centros de poder del imperialismo ya han decidido y lo que queda es aceptarlo o alzarse de nuevo contra el invasor; en este caso tropas del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, tal y como había previsto Fidel y otros analistas y gobernantes.
Este impulso de las potencias occidentales a entrar en Libia por la fuerza, se debe a una más que posible victoria de Gadafi y quienes lo apoyan sobre los rebeldes que se alzaron.
En los últimos días las fuerzas leales al dirigente libio han recuperado varias ciudades y están haciendo retirarse cada vez más a los opositores de sus posiciones.
Por otro lado los otros dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, con derecho a veto, Rusia y China, se han opuesto a la intervención militar, y votarán en contra si el tema se somete a consideración de la alta instancia de la ONU.
De lo que se trata ahora es que hay que sacar experiencias de los sucedido en Libia, a saber, que utilizando la cortina de humo de los levantamientos en los países árabes del medio oriente contra sus dirigentes, se implicó a Libia, país de estructura social de clanes y tribus, con el objetivo de crear un foco de desestabilización, liquidar a Gafafi e invadir humanitariamente para detener un supuesto baño de sangre.
Que buena estrategia para ser aplicada en esta parte del mundo contra Venezuela, Ecuador, Bolivia o Cuba. Una buena jugada cantada.
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