
Aromática y medicinal, la salvia es originaria de Europa y actualmente se cultiva prácticamente en todo el mundo, tiene unas hojas estrechas, pecioladas y en un tono blanco grisáceo especialmente en el dorso; sus flores pueden ser azuladas, violetas o blancas rosáceas.
Es, al igual que otras plantas aromáticas y medicinales como el tomillo, el orégano, la albahaca o el romero, muy popular por sus cualidades.
Es considerada una planta especialmente beneficiosa para la mujer, puesto que contiene unas sustancias llamadas fitoesteroles que tienen un efecto estrogénico. Sirve para suavizar los síntomas de la menopausia, en especial los sofocos, para disminuir los dolores antes y durante la menstruación, o en los casos de periodos irregulares.
El término salvia proviene de la palabra latina “salvare”, que significa “curar”, en referencia a sus propiedades beneficiosas. El primer autor conocido que escribió sobre la nomenclatura que los romanos usaban para distinguir a esta planta fue Plinio el Viejo, refiriéndose probablemente a la especie del género Salvia officinalis.
Los chamanes nativos de Norteamérica también quemaban con frecuencia los tallos secos de la salvia por sus efectos alucinógenos, creyendo que así entraban en contacto con sus guías espirituales y espíritus protectores.
La salvia también alivia anginas, problemas de encías, enfermedades del hígado y riñones, y otras condiciones; de la planta se utilizan principalmente las hojas, tanto de manera interna preparando una infusión de salvia, como de forma externa elaborando lociones, gargarismos o baños. También se puede encontrar el aceite esencial de salvia.
Tiene usos ornamentales, medicinales y gastronómicos, empleándose como condimento, especialmente en Italia y en las recetas de influencia italiana.

Los tallos son típicamente angulares, característicos de la familia Lamiaceae, con hojas enteras, aunque también pueden ser dentadas.
Las inflorescencias nacen en racimos o panículas que producen flores de color azul o rojo; el blanco y amarillo son menos comunes. El cáliz es tubular o acampanado sin garganta barbada, y está dividido en dos labios: el superior entero o tridentado y el inferior hendido.
Muchas de las especies tienen tricomas (pelillos) sobre la superficie de las hojas, tallos y flores, lo que evita la pérdida hídrica. A veces estos pelillos son glandulares y al frotarlos algunas de las células se rompen liberando los aceites volátiles responsables de producir el peculiar aroma de estas plantas.
Tiene acción antiséptica, antidiaforético, cicatrizante, antioxidante, digestiva, antibacteriana, hipoglucemiante, astringente, espasmolítica, antidiarreica, fungistática, antinflamatoria y antiviral.
Además, la salvia estimula el apetito, combate la sudoración excesiva, mejora afecciones de la boca como inflamación de encías (gingivitis) o llagas, inhibe la proliferación de los hongos, estimula la producción de bilis, y mejora la inflamación de garganta, tos, laringitis o ronquera.
Disminuye las dolencias del tracto gastrointestinal como gases o flatulencias, mejora dolencias de tipo respiratorio como asma, bronquitis o catarros y resfriados. De manera externa se usa para reducir la inflamación, limpiar heridas y desinfectarlas, para untarla luego de picaduras de insectos, arañas y abejas, entre otros. Tiene múltiples utilidades que la hacen imprescindible.
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