Esta calle se encuentra a un lado de la Plaza de la Revolución bayamesa y conduce a la Plaza del Himno, sitio donde en 1869 se entonaron por primera vez las notas de nuestra canto de guerra. Foto Iván Morales Morales
Hasta la ciudad de Bayamo, ubicada en la oriental provincia de Granma, llegó este reportero para darle cobertura a las festividades por los cinco siglos de la fundación de la histórica urbe, que tuvieron lugar entre el 31 de octubre y el 5 de noviembre.
La cuna de la nacionalidad cubana acogió hospitalaria y resplandeciente a un amplio número de viajantes que llegaron para rendirle tributo a la tierra donde se entonaron por primera vez las notas de nuestro himno de combate, y en la cual muchas familias prefirieron ver sus propiedades reducidas a cenizas que entregadas al oprobioso yugo español.
San Salvador de Bayamo –tierra abonada con la sangre de valerosos hombres y mujeres durante las luchas independentistas, y cuna de ilustres personalidades de esta isla- lucía esplendorosa pese a su medio milenio de vida. Autoridades del partido y el gobierno trabajaron en labor mancomunada para devolverle la viveza a sus fachadas.
Pasado y presente confluyen en armonía entre las calles de la centenaria villa. A su paso, el lugareño y el visitante hallan en cada sitio un pedacito de historia, un recuerdo de sucesos trascendentales que marcaron el pulso de la Cuba colonial.
Desandando el boulevard pude observar algunas de las tantas cualidades de esta pintoresca ciudad. La urbe ofrece una variada oferta gastronómica y cultural diaria y a precios módicos. Adornan el paseo obras pictóricas y esculturas de artistas locales y nacionales. Emblemáticos y de obligada visita resultan la maqueta de la ciudad, la filial bayamesa del Fondo Cubano de Bienes Culturales, el Museo de Cera, entre otros.
Capta de inmediato la atención, la viveza que transmiten las imágenes moldeadas en cera policromada por los jóvenes hermanos Rafael y Leander Barrios Milán, junto a su padre y maestro Rafael Barrios Madrigal, y que se exhiben en la primera galería de su tipo inaugurada en la isla. Allí se recrean personajes populares del espectáculo, la política y el deporte en sus poses más características.
Tal es el caso de Faustino Oramas, más conocido como El Guayabero, Sindo Garay, el inolvidable músico cubano Ignacio Villa –o simplemente Bola de Nieve- junto a su inseparable piano; o singulares personajes de la zona como Rita “la Caimana” y Francisco Jerez, popularmente conocido por el mote de Paco Pila.
La Plaza de la Revolución, también denominada Carlos Manuel de Céspedes, es un amplio espacio ubicado a la salida del paseo. En ella confluyen los habitantes en las tardes para disfrutar del merecido descanso a la sombra de una altísima palma real, fiel escudera del estandarte de la Demajagua y del busto que recuerda al Padre de la Patria, nacido en este municipio. En frente, como para que dos insignes hombres de cuna bayamesa mantengan la mirada erguida y firme, está una obra escultórica de Perucho Figueredo, junto a las notas del Himno Nacional grabadas en bronce.
Un camino empedrado conduce hacia la Plaza del Himno, sitio donde por primera vez el 8 de noviembre de 1868 valerosas mujeres corearon nuestro canto de guerra bajo la dirección del maestro Manuel Muñoz Cedeño. La Casa de la Nacionalidad atesora entre sus archivos valiosos documentos históricos y sus investigadoras propician al visitante un esclarecedor recorrido a través del tiempo por la historia del inmueble y sus habitantes.
La catedral de la urbe ostenta con orgullo la condición de ser –según información de la revista española Excelencias, dedicada a los 500 años de ka fundación de la urbe bayamesa- la única iglesia en Cuba que posee una pintura laica, o sea, que no trata temas religiosos, en su interior. Se trata de Jura y bendición de la bandera del dominicano Julio Desangles, un óleo de 8,5 metros de ancho por 4,5 metros de alto. A su lado, aún se conserva intacta la entrada del antiguo templo. No pudo el incendio de la ciudad ni el implacable transitar de los años borrar la huella de los cánticos y las conspiraciones que su interior se concibieron.
El reloj digital, ubicado en los altos de la Ludoteca, entona los compases iniciales de La Bayamesa cada 60 minutos. En sus bajos, una calle conduce hacia la Casa de la Trova, punto de encuentro donde el ambiente agradable y la buena música convidan al transeúnte a entrar a sus predios.
Los emblemáticos coches adornan el paisaje de la urbe. No puede el viajero prescindir del placer de deleitarse de un recorrido por la cuna de la nacionalidad cubana en una de estas calesas. Precisamente, hasta el teatro Bayamo tuve que trasladarme en estos “carros” de tracción animal para entrevistar al músico Augusto Enríquez, quien se presentaba en la noche como parte de la gira que realiza por todo el país junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la égida del maestro Enrique Pérez Meza.
Implacable pasaba el tiempo y con él las horas de estancia en la villa de San Salvador de Bayamo llegaban a su fin. Presto a regresar nuevamente a la agitada capital cubana, no quise despedirme del municipio granmense sin retornar a la Plaza de la Patria. Días antes había tenido lugar allí la gala Crisol de 500 soles para celebrar el medio milenio de la fundación de la ciudad.
La actividad hizo un amplio recorrido por las diversas etapas de la historia bayamesa. Un excelso despliegue tecnológico, escenográfico y musical se mezcló con las interpretaciones de reconocidos cantautores nacionales y locales para regalarle al pueblo un espectáculo que, pese a su extensión, fue ovacionado por los presentes.
Sin dudas, Bayamo marcó un punto de inflexión en mis concepciones sobre esta bella tierra. La hospitalidad de su gente me insufló esa fuerza más para retornar con mayor vigor a las tareas diarias. La reluciente y centenaria urbe quedaba atrás en el paisaje. No obstante, la promesa de un pronto retorno quedaba como marca vigente de mi presencia por esos lares del oriente cubano.
El paseo – o boulevard- de la Villa de San Salvador de Bayamo es un sitio muy concurrido en la urbe donde diversas manifestaciones artísticas agradan la vista al transeúnte. Iván Morales Morales
La Casa de la Nacionalidad se encuentra ubicada en la Plaza del Himno de la ciudad granmense. En ella se guardan archivos de ilustres personalidades históricas del territorio. Iván Morales Morales
La catedral de Bayamo tiene el orgullo de ser el único templo en Cuba que posee en su interior una pintura de tema patriótico. Se trata de Jura y bendición de la bandera del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes. Iván Morales Morales
El monumento a Perucho Figueredo se encuentra ubicado en la Plaza de la Revolución. El busto de uno de los hijos ilustres de la cuna de la nacionalidad está acompañado por las notas que dieron vida al Himno Nacional. Iván Morales Morales
El Teatro Bayamo se encuentra en una de las calles adyacentes a la Plaza de la Patria de la ciudad. Iván Morales Morales
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