Sagua de Tánamo, Cuba.-Dicho literalmente, “por Calabazas de Sagua no se pasa”. A Calabazas de Sagua hay que llegar, y por cierto, no es muy fácil.
Después de recorrer unos 180 kilómetros desde la Ciudad de Holguín, y llegar a Sagua de Tánamo, es preciso transitar entonces por una vía, que a no pocos impresiona, trazada entre montañas, laderas, y enormes barrancos, de esos que hacen ver las palmitas pequeñitas, allá abajo, aunque tengan unos cuantos metros de altura. Al llegar a La Alcarraza, otra vez se bifurca el camino, ahora totalmente descendente, y de manera bien abrupta, hasta por fin llegar a este pintoresco y acogedor poblado.
Calabazas de Sagua y sus alrededores sirvieron de forja y abrigo a las tropas del Segundo Frente Oriental Frank País, durante la decisiva epopeya por la liberación nacional, protagonizada por el Ejército Rebelde, hasta alcanzar la victoria sobre la tiranía de Fulgencio Batista el primer día de 1959.
Desde ese mismo momento, y hasta el presente, las transformaciones se hicieron constantes, con el noble fin de mejorar, cada día más, la calidad de vida de sus humildes pobladores, dedicados fundamentalmente a la producción de café, cacao, y otros alimentos agrícolas, y borrar, definitivamente, aquel pasado de penurias y extrema pobreza.
En estos días, precisamente, está ocurriendo un enorme y muy especial movimiento en lo que puede catalogarse como el “Centro Histórico” del asentamiento en el cual residen más de mil lugareños.
Llegaron brigadas de constructores de varias empresas y municipios de la provincia, pertenecientes al Poder Popular, y de inmediato se hicieron cargo de acciones específicas.
De manera especial y unida, reciben el apoyo de la comunidad, para terminar, cuanto antes, y con la calidad requerida y supervisada, un grupo de treinta y cinco obras, y más de cien acciones complementarias, distribuidas entre las totalmente nuevas, y otras que casi lo son, pues han sido rehabilitadas del piso al techo.
Son casas-consultorios, viviendas, canchas deportivas, tiendas, viales, asentamientos de cooperativas, parques infantiles, escuelas, alumbrado público, la panadería del barrio, su Sala de Video, una biblioteca, la plaza de actos, y varios centros de servicios, que engrandecen el bienestar comunitario.
Conste que casi puede decirse, sin exageración, que al viejo Calabazas de Sagua, solo le va quedando el nombre. Las imágenes allí recogidas muestran el alborozo en forma de trabajo incansable, ese que ahora mismo se palpa en este poblado montañoso, que hace años aparece en los mapas con esa denominación, símbolo de identidad, y de tan familiar apego.
Volveremos el ya inminente fin de semana, pues es el día señalado para entregar las obras, y de inmediato, ponerlas en funciones. Sinceramente no queremos perdernos esa fiesta.
A Calabazas de Sagua se llega, y se llega feliz. (Fotos del autor)
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