
Cándido Fabré regalaba a los holguineros cinco horas y treinta y cinco minutos de buena música cubana; al tiempo que recibía de manos de las autoridades de la provincia, el Micrófono de la Dignidad. Foto Aroldo García
Holguín, Cuba. -Para bien de las grandes mayorías populares, esas que no saben de odios ni soberbias y por más atracciones buenas que pudieran enumerarse, la marca de oro, inolvidable para el Carnaval en Holguín de este año, quedó plasmada la madrugada de este martes, y tuvo un nombre, y un sitio: Cándido Fabré y su Banda, ante más de cincuenta mil personas durante cinco horas y media de manera ininterrumpida en la plaza del Reparto Pedro Díaz Coello, al este de la ciudad, y que, por derecho de conquista, han comenzado a llamarle "la Plaza de Cándido".
Una, dos, tres, cuatro... cinco horas completas, y ya iban por treinta y cinco minutos de la próxima cuando irrumpió la inoportuna lluvia. Preciso es sumarle además a tal maratón artístico, una hora y veinte minutos que el artista dedicó, antes y después de la actuación, a atender, personalmente, y sin barrera alguna, a todos cuantos fueron a su encuentro.
El concierto de esta ocasión superó en todo, y con todo, al de hace un año exacto, aquella noche del lunes 20 de agosto del 2012, cuando fuera de la programación del carnaval, actuaba y subrayaba: " vayan acostumbrándose a tener a Cándido los lunes después del carnaval en esta plaza holguinera, la mejor que he conocido en los años que llevo visitando esta ciudad".
Cándido y su banda cumplieron con su pueblo.
Pero, otra vez, el fenómeno de su presencia va mucho más allá de sola su actuación artística sobre un escenario.
Al llegar, junto a los integrantes de la Banda, Fabré dedicó unos cuantos minutos a revisar, con su pequeño equipo de colaboradores, cada detalle, "para que nadie se sienta mal esta noche"... que si probaron bien el audio, que si los instrumentos están listos, que si ya cenaron los utileros y personal técnico de apoyo; que si están dispuestas las cámaras propias para dejar constancia gráfica de lo que el mismo avizora como una noche "que será histórica". Su asistente personal, Juan Carlos Roque, relacionista público, camarógrafo, y más que todo, amigo, esa condición que se cumple en cada uno de los integrantes del equipo, está a su lado para ir "rindiendo cuenta" ante cada detalle solicitado.
Fabré desciende del ómnibus, y de inmediato, se sumerge en aquel mar de pueblo, para abrazar y saludar a miles de personas, niños, ancianos, obreros, profesionales, campesinos, y hasta agentes del orden, todos ávidos de su saludo, de su sonrisa franca, de su conversación sincera, y de "llevarse una foto junto a él". Así pasa más de media hora.
Personalmente me impresiona el encuentro que se produce entre el querido artista y una adolescente, ciega de nacimiento, quien llega acompañada de sus humildes padres. La noche nos depararía a todos, poco después, un momento literalmente inolvidable, cuando ya en medio del concierto, esa niña fue llamada por Cándido para juntos interpretar una conocida bachata de su repertorio.
Viene el talentoso Pupo, su mano derecha en la banda, y le indica que todo está a punto. No hay un programa preconcebido. Sencillamente, todo el repertorio está montado. Vamos a arrancar con este y este...después veremos, dice Cándido.
Apenas unos segundos, y ya comienza a "sonar" la banda, pero "el hijo de Sixta" aún se mantiene unos minutos más con quienes lo aclaman detrás del escenario, y en sus alrededores, pues, incluso, camina hacia los kioscos cercanos, entablando conversación con los cocineros.
Por fin, logra subir los pocos escalones desde el piso a la parte más alta del escenario. Unas tras otra, sin pausa, las primeras interpretaciones. Cuando han transcurrido unos quince minutos, ocurre un asalto, que unos cuantos sabían, menos el artista.
Sube el Jefe del Área festiva para proclamar el resultado de una encuesta realizada en el entorno: "El Hombre del Carnaval", por aclamación, más el cómputo de más de nueve mil votos populares. Cándido recibe una hermosa franela con el logotipo oficial que identifica al carnaval holguinero.
Llegan las integrantes de la Federación de Mujeres Cubanas a agradecerle su canto respetuoso de siempre, ponen en sus manos un enorme y bello ramo de flores, y un cuadro con la imagen de la eterna líder de las mujeres cubanas, Vilma Espín.
Cuando parecía que concluían las emociones llega la Directora de la Radio en la provincia de Holguín para entregarle a Fabré, por decisión institucional, nada menos que "el Micrófono de la Dignidad", un alto estímulo inspirado en un mártir de la revolución cubana, a quienes "dicen con valor, lo que otros callan por temor".
Ya en la cumbre de la velada, sube también la representación del pueblo, los Comités de Defensa de la Revolución, para entregarle una bandera cubana, esa que Cándido Fabré ha defendido desde su cuna humilde y hasta el presente, en Cuba, y en muchos sitios del mundo, incluyendo los Estados Unidos.
Visiblemente impactado, Cándido Fabré Fabré agradece a todos, con extrema humildad, y voz razgada por la emoción.
Después, la apoteosis. Aquella masa compacta rodeando la remozada explanada de actuación, quienes llegaron muy temprano para asegurarse un lugar de privilegio, y los que llenaron de bote en bote toda la plaza; y hasta los vecinos, desde los también cercanos balcones de los edificios que la rodean, ahora totalmente abarrotados.
Sones, bachatas, pregones, crónicas musicalizadas sobre personajes y hechos reales. No falta un canto a la madre Sixta, y a todas las que como ella, ya no están. No falta un canto a los ancestros "pa´ que se vaya lo malo".
Dos y veinte de la madrugada. Un impetuoso aguacero decreta detenerse. Pero la gente ni se mueve de sus sitios. Entonces el artista les asegura que habrá otras ocasiones para próximos encuentros, y por tanto, esta vez resulta imprescindible cuidar la salud de los presentes y la de los equipos tecnológicos. "Gracias, Dios los bendiga a todos", son sus últimas palabras en medio de una ovación que hace brotar lágrimas a cualquiera.
No lo dude nadie. Algún día alguien se dedicará a estudiarlo más. El fenómeno del arraigo de Cándido Fabré calando lo más profundo del sentimiento popular, no va solamente aparejado a sus interpretaciones musicales.
Es muchísimo más.
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