Cuba, un estadio de pelota desde San Antonio a Maisí

2012.01.26 - 10:19:30 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo García Fombellida

Jugada de béisbol
Holguín, Cuba.- Pido respetuoso permiso a las cátedras y a los catedráticos para este tema. Cuando en Cuba, entre nosotros, se dice “la pelota” todos saben que la alusión no se circunscribe solamente a ese objeto conocido, en forma de circunferencia.

El asunto, pica, y se extiende. No importa si se nace en Mantua o en Jatibonico. No importa si es en una de las grandes ciudades o en el más apartado de los asentamientos rurales. No importa, incluso, si el equipo que representa a su provincia está entre los primeros, o en la cola cercana al sótano. Es más, y a esto póngale el cuño, cuando un futuro padre primerizo se entera, gracias a las bondades modernas del ultrasonido, que el bebé será varón, por lo primero que le da es por comprarle un bate y una pelota. Cuántos cubanos serán protagonistas en este acto?...sencillamente miles.

Mire, este otro ejemplo, que aunque ocurre casi todo el año, es mucho más entre noviembre y abril más o menos, periodo en el cual transcurre la parte mayor de la Serie Nacional de Béisbol; en un colectivo laboral que se respete, a nadie se le ocurriría comenzar el día, y entablar esas habituales conversaciones que complementan el saludo mañanero, sin resumir “lo que pasó” en el juego de anoche… y si es lunes, mucho más todavía. Ni hablar del frío, ni del calor, ni la situación política internacional, ni “lo que andan diciendo”… nada, absolutamente nada supera, ni en cantidad, ni en calidad, a las disertaciones peloteriles entre cubanos. Ah, porque eso sí, no hay en el mundo más directores de equipos beisboleros “virtuales” que en Cuba:

- Oye ese hombre no mira pal banco, si sigue así lo veo mal, con el equipazo que tiene… viste eso? ¿Cómo va a mandar a tocar en esa situación compadre?... mientras, si sucede lo contrario serán miles los que digan… se volvió loco, ese manager cree que a batazos se gana, a ver… por qué no mandó a tocar?... “Ese juego lo perdió el “manache” compadre…

Están también los nostálgicos de la década prodigiosa, que la extienden a todo y no solamente para la música de los Fórmula Quinta, o los Mustang, son los que dejaron incrustadas en sus mentes, sin sustitución posible, las jugadas de Urbano González, y Pedro Chávez, los batazos de Marquetti, y los lanzamientos enseñando el número de Manuel Alarcón, incluida su antológica frase… “cierren la trocha y preparen el cocoyé” los demás, para ellos, son sencillamente “peloteritos”, “aquello sí era pelota”.

Los estadios principales en Cuba, y los de menos rango también, se han ido convirtiendo en sitios referenciales. Aún enfrentando severas restricciones económicas los bien llamados “cuarteles generales” o casas de los equipos son verdaderas joyas, donde priman el orden y el buen gusto, hasta en los colores representativos, y las alegorías gráficas.

Entre nosotros, es notoria la familiaridad y el apego que en pocos días se ganan algunos jugadores, aún los novatos, incluso sin que se nos haya “pegado” el nombre propio, y sin que sea necesario verlo personalmente… “ese pitchercito de Guantánamo está fuera de liga”… “el zurdito, el zurdito, que lo tiene ahí, para cuándo lo va a guardar”.

Para los narradores y comentaristas bien podrían dedicarse libros completos. Transitan siempre sobre el filo del machete, especialmente si son de los medios de cobertura nacional. Su “zona” de narración es más recia y ajustada que la de strike para los árbitros, al menor desliz, allá les va el calificativo de “parcializado”. Por cierto, casi nunca, para no ser absoluto, he oído tales acusaciones, que no pasan de ser un ingrediente más que adereza el festín beisbolero, cuando a un narrador “se le va la mano”, o es más bondadoso con un equipo del interior. La cosa es principalmente del túnel hacia allá.

En Cuba, cualquier ser humano, hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, se pone el color de la ropa que quiera, o que tenga, ah pero si a una conocida y prestigiosa periodista se le ocurre vestir alguna vez con una prenda del emblemático color que identifica a un no menos prestigioso equipo, allá va eso… “visteeeee no lo puede negar”…

Creo que el día que falten tales aderezos la pelota en Cuba no será lo que es hoy, una gran pasión nacional.

BéisbolDel aspecto “narrativo”, como dije antes, hay bastante tela para cortar. Recuerdo siempre a mi madre, poco ducha en temas de este tipo, cuando definitivamente “se quedó botada” desde que el inolvidable Boby Salamanca acuñó con sin igual estilo, aquello de la guardarraya limpia, tres golpes de mocha y pa la tonga, el lanzador entra al surco, el cañaveral se le ha puesto a tres trozos, le aplicaron la alzadora, y tantas frases más, asociando magistralmente el deporte con nuestra más importante faena agrícola nacional.

Sinceramente, no me atrevería a preguntarle, ya muy anciana, si entendería hoy, sin sobre saltos, estos pronunciamientos actuales y cotidianos que escuchamos de los Leones se enfrentan a los Elefantes, las Avispas a los Sabuesos, o los Tigres a los Leñadores, mucho menos conocer a estas alturas que alguien, no necesariamente español, puede barrer a los Indios, que una manada de Gallos puede entrarle a picotazos a los modernos Metros capitalinos, de paso, se enteraría de la existencia de tales vehículos en Cuba, por lo menos en imaginación, y nunca llegaría a comprender por qué si el deporte es sinónimo de salud, un equipo pretenda llenar de humo tabacalero los terrenos en cada desafío, y otro, cuyos integrantes tienen ínfulas gastronómicas, se desvivan por repartirle jugo de naranja a todos sus contrarios. Quizás, escucharía con agrado la noticia que los Leñadores se llenaron de valor y se enfrentarán en un encuentro decisivo con los huracanes que históricamente le hacen tanto daño a los bosques.

En Cuba, usted no necesariamente tiene que ser un erudito para ser un protagonista de una esquina caliente, esa suerte de acaloradas discusiones, que si algún extranjero la ve desde lejos, se asustaría, aunque bien sabemos nosotros que en ellas, jamás la sangre llega al río, ni mucho menos. Basta aprenderse de memoria el nombre de tres o cuatro peloteros, “cortar y pegar” lo que se escucha decir a quienes si saben de verdad, y tener un buen registro vocal… lo demás llega con características especiales de cada sitio… el Parque Central de La Habana, la Plaza de Marte de Santiago de Cuba, el Tamarindo de San Germán, el Parque Pedro A Pérez de Guantánamo, el Sandino… y muchas más a lo largo y ancho del país.

En honor a quienes si son verdaderas personalidades, colmadas de experiencia, conocimientos y prestigio, preciso es resaltar a esas integraciones bien llamadas “peñas” que le ponen sal y pimienta a los estadios y a los encuentros. Algunas de esas peñas son verdaderamente antológicas. La Plaza de Marte, Cervecería Hatuey, Garaita de Sancti Spíritus, El Diamante de Buenaventura, La Cristal, La Fermín Lafita, y varias más. Sus integrantes son verdaderos activistas del deporte nacional, con una labor de excelencia, un ejemplo; la labor que realizan para recuperar las pelotas que salen del terreno de juego por cualquier causa.

Por cierto, las peñas deportivas cubanas están muy bien organizadas, desde los barrios, hasta la nación, con un Consejo Nacional que preside el prestigioso y carismático narrador y comentarista de Radio Rebelde, Roberto Pacheco.

Para suerte de todos los cubanos, la huella y la herencia que nos dejaron los primeros pobladores con sus juegos de “batos”, es para siempre. Dura todo el año, pasa de generación en generación. No importa si este deporte regresa o no a las olimpiadas, o si perdimos los más recientes torneos internacionales, o si el próximo “manache” será este o aquel. Lo que vale es lo de ahora, el presente. No importa cuántos equipos hay o habrá, no importa si “el mío” es delantero o de la cola final, y es más, tampoco importa si sabemos mucho, o poco de reglas, de estrategias, y de arbitraje.

La pelota en Cuba es todos los cubanos, la disfrutamos igual, aunque unos cuantos no sepan para donde se corre cuando batean, algo exagerado porque bien sabemos que entre nosotros, el que más y el que menos guapea en el tema. Solo con observar a esas familias completas, hasta los recién nacidos, disfrutando desde las gradas un juego, tal si fuera el más trascendental de los espectáculos imaginables, demuestra que la pelota, así solamente, la pelota, es mucho más que un deporte.

Motivación para compositores musicales y escritores. Pasarela para modas, y modelos. Entrañable sitio donde miles encontraron el amor de su vida. Pretexto para una escapadita extra muros, y con “otro frente” que puede complicarse si está la televisión con sus delatoras imágenes. Rienda suelta a ese agradable pecado capital que es la gula. Le aseguro, sin ser el Cabo Pantera, que “quien no haya estado en un buen juego de pelota en Cuba, no sabe lo que es la vida”.

Para serles sincero, cuando me senté frente a la computadora con el propósito de escribir una estampa sobre Cuba y los Cubanos, otro era el tema, pero el estruendoso impacto que hace unos minutos envolvió totalmente mi barrio, haciendo retumbar mi edificio, sin un ápice de exageración, tal si fuera un movimiento sísmico en este atardecer dominical, me dio motivos suficientes para cambiar el rumbo, el tema, y el titulo.

Clarito clarito estoy oyendo al viejo Tunas desbordando alegría desde su balcón, llamando a mi vecino Humbertico, émulos actualizados de los antológicos Cipriano y Pantaleón que inmortalizó Palante… “oyeeeee Holguín dejó al campo a Matanzas compadreeee”…

Aficionados beisboleros

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Juego de béisbol



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