El restaurador de la “última ciudad”

2019-01-15 13:54:11 / web@radiorebelde.icrt.cu / José Miguel Solís Díaz

El restaurador de la “última ciudad”

Matanzas, Cuba.- Llegamos al taller del joven Miguel Ojito Fariñas tras la pista de “Nena”, convertida por estos días en una suerte de pretexto para proyectar un museo de Arte Funerario, empeño de la Oficina del Conservador de la Ciudad que podría convertirlo en uno de los más importantes de la nación.

Luisa María Sallo de Prieto: Nena, fue una matancera del siglo XIX quien dispuso como última voluntad descansar eternamente en su tierra natal y cuyo regreso desde España, costosísimamente momificada y tras tres meses de navegación; generó una horripilante leyenda urbana, desmitificada sucintamente en este sitio.

Ojito, como gusta le llamen; se describe en este orden: yumurino, restaurador, amante de la alquimia; un ser sumamente hablador, documentado e inteligente, puesto que sin que medien preguntas lo confirma: “apuesto por el arte funerario y te adelanto: hay una riqueza en ese sentido que “impresiona” y merece conservación”.

El restaurador de la “última ciudad”

Acto seguido y con ínfulas de prestigiador; descorre una gran tela y, sin evitar sonreír disimuladamente; descubre un enigmático sarcófago de metal ¿quizás calamina? custodiado en sus cuatro extremos por ángeles gemebundos. Sobre la tapa: Cristo crucificado. Cuatro agarraderas para el traslado del féretro y ricamente ataviadas, descubren una diminuta e intencionada calavera, en metal fundido.
En fin, un sarcófago “bellamente engalanado”, digo a mis adentros.

“Es una belleza de catafalco”, comenta mi interlocutor.

Inmediatamente recuerdo la frase de Ercilio Vento, historiador de la ciudad: “Las piedras no sienten; el matancero sí”, en referencia a la necesidad de preservar el patrimonio material…pero del noble pensamiento; a enfrentarse con objetos propios de “la última ciudad”, como bromean los yumurinos; o del reino del otro mundo, dista una buena distancia, o en esencia, ¿es lo mismo?

“Soy un artista restaurador y he disfrutado mucho los trabajos en el conjunto arquitectónico a José Martí, en el parque de la Libertad, la magnífica lámpara Tifany del teatro Sauto; la restitución de la fuente de Leda y, te confieso que la idea de un museo dedicado al arte funerario no es novedosa, puesto que en la casa de los Capitanes Generales tenemos un buen ejemplo”.

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¿Y por qué un joven en este terreno, cuando hay otras aristas interesantes y bien remuneradas en la restauración?

Ya me lo han preguntado, pero lo cierto es que el arte es arte y si es Patrimonial, porque de eso hablamos; ¿cómo desecharla la oportunidad? Te digo más, ni incómodo ni predispuesto, todo lo contrario: honrado por que la oficina del Conservador, en la persona de Leonel Pérez Orozco confíe en nuestra persona y además, muy contento con la colaboración de la dirección de Servicios Comunales.

Pero esos objetos funerarios, manipularlos, restaurarlos…

En su momento esas piezas tuvieron una gran carga de energía y de sentimiento. Aunque haya sido triste y en fin, energía que mana del dolor; pero también me parece útil dar valor a todo ese esfuerzo, algunas veces exagerado por los familiares ante la pérdida del ser querido; pero lo interpreto como fórmula para valorar la vida restaurando esas obras artísticas dedicadas a la muerte y por una sencilla razón: sin vida no hay muerte y sin ella, pues no valoramos la vida.

¿Entonces la idea de un museo de Arte Funerario, va en serio?

Así mismo, porque con independencia de contar con el segundo camposanto más extenso de la nación, hemos podido constatar que existe una riqueza increíble; una belleza exquisita en las piezas que hemos podido rescatar y te aclaro: de tumbas abandonadas y saqueadas, además, pero sin lugar a dudas de los cementerios cubanos, éste, es el tercero en importancia.

El San Carlos data de la primera mitad del siglo XIX y hacia allí fueron trasladadas las lapidas y piedras funerarias de otros camposantos de la ciudad, fundamentalmente de San Juan de Dios donde se erigieron obras impresionantes.

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Por lo que me han comentado y los recientes hallazgos, tendrás trabajo en solitario para un buen tiempo.

Matanzas tiene excelentes restauradores, muy bien preparados, espero que alguna forma se sume y dediquen en favor del arte, una mirada al cementerio.

Hay piezas que deslumbran, solo vasta mostrarlas para despertar el interés porque en el cementerio se respira un sentimiento profundo de amor, fe y también una expresión inmensa de arte reservada a los difuntos.

Reflexionaba hace unos días, que sólo en ese lugar es donde se detiene el tiempo. En una cripta, en una tumba… la escultura reta a la eternidad, desde el mármol de Carrara y de esa forma; debe ser la mirada hacia ese sitio.

No una visión de una sala, sino del lugar ideal para contar la historia de los 14 cementerios que dispuso la ciudad desde sus inicios, con una copiosa fuente documental.

¿No le molesta que le llamen el restaurador del cementerio?

Para nada, me agrada porque siento un gran respeto por lo patrimonial que es una forma de conservar la memoria histórica. Solo pido que junto al apoyo moral, cuiden nuestra “última ciudad”, porque no es menos cierto, atesora una buena parte de la historia.

Están identificadas y en ellas se trabaja, más de una veintena de tumbas de famosos, desde Milanés, Bonifacio Byrne, de la familia Teurbe Tolón; el sitio donde descansa el descubridor de las Cuevas de Bellamar, el monumental panteón dedicado a custodiar los restos de los veteranos de la independencia y de personalidades de la última etapa insurreccional, así como el cenotafio donde fueron inhumanos Guiteras y Aponte y hasta el que erigieron amigos de Heredia, ya perdido para siempre.

Recientemente hallamos la fosa común de uno de los más atroces crímenes de España contra Cuba: la de las víctimas de la reconcentración de Valeriano Weyler; un hecho que hay que mostrar y donde se precisan si lo permiten, trabajos arqueológicos.

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¿Consideras que un museo de arte funerario puede reforzar la memoria histórica? ¿De qué forma?

De muchas formas. Solo te comento que el futuro de un pueblo está en la grandeza de su pasado y en no olvidar las enseñanzas. Si un pueblo olvida lo acontecido, no tiene futuro, así lo prueba la historia y así es nuestro comprometimiento, pero aún más en este sitio que merece veneración y altísimo respeto.

¿Enigmas por dilucidar?

Muchos enigmas por contar y muchas cosas por resaltar. Se trabaja pacientemente y sí, se mostrarán convenientemente; como el cementerio de judíos y de otros personajes que hicieron historia, como el de la niña Cecilia; un atroz hecho de sangre que desató una carnicería y otros más que están por descubrir en toda su magnitud y que conforman la historia local.

Te contaría como será el momento de la inauguración de ese museo y la participación de Nena, como expresión de la matanceridad; pero lo dejaremos para más adelante, cuando esté listo el carruaje, en septiembre.

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