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En el Mirador de Mayabe, los Panchos
2011.11.11 - 16:18:10 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo García Fombellida

Quizás alguien, por el título, asocie un pasaje histórico relacionado con alguna actuación inolvidable del conocido trío mexicano. Otros, seguramente los más jóvenes cubanos relacionarán inmediatamente su nombre a una excelente cerveza de factura nacional.
Pero si ese cubano está en Holguín y se le menciona a Mayabe, ahí mismo podrá desgranarle una historia propia de su significado…¨antes, o después de nuestra era¨. Sí, porque Mayabe guarda relación hasta con la existencia misma de unos cuantos holguineros y holguineras, y de otras regiones de Cuba también, desde hace cerca de cincuenta años. Y Mayabe está estrechamente ligado a otro nombre propio…bueno, para ser sincero, no tan propio.
Su historia, bien añeja por cierto, comienza ¨un poco más abajo¨, es decir, unos cuantos metros menos sobre el nivel del mar, antes de llegar a esa elevación geográfica, que señorea con el apelativo de Mayabe, y sobre todo su entorno, natural y adquirido, que actualmente resulta famoso y bien conocido en muchos rincones del mundo.
El Valle de Mayabe es una extensión del que asienta a la hoy ciudad de Holguín, pues se localiza apenas a unos cinco kilómetros al sur de ese centro citadino.
Hace poco más de un siglo, por la zona comenzaron a aumentar las cifras de residentes fijos, entre ellos alguna familia de inmigrantes. Sus fértiles tierras, vírgenes casi, buenas corrientes de agua, y el aire, entre fresco y frio como promedio, propiciaron el incremento de plantaciones hortícolas y de otros alimentos agrícolas, pero, fundamentalmente, flores. En poco tiempo, el Valle de Mayabe, se convirtió, y aún mantiene, la primacía en calidad y cantidad de las producciones florales en toda la región de Holguín, y más allá, mientras el conocimiento detallista de sus cultivos y esmerados cuidados que necesitan los jardines, es conocimiento íntimo que ha ido pasando de generación en generación.
A medida que la ciudad de Holguín creció en extensión física y población se necesitaron espacios al aire libre, como justos pulmones ambientales, y así cristalizó la feliz idea de levantar en el Valle de Mayabe el Parque de Recreación Turística Popular José Martí, inaugurado en los años posteriores a 1970, tomando como referencia al antológico ¨Parque Lenin¨ en las afueras de La Habana, que había sido abierto unos años antes. Así surgieron restaurantes campestres, con el follaje del entorno como cobija principal, varias cafeterías, áreas para juegos y atracciones infantiles al aire libre, campos de tiro deportivo, y hasta una piscina gigante, con capacidad para cientos de bañistas, incorporando su estructura al entorno natural de la zona, es decir, bien alejada de los conocidos cánones arquitectónicos establecidos para las albercas. Unos años después, a esas primeras instalaciones recreativas y de servicios del Valle de Mayabe se le adicionaron un Parque infantil ¨japonés¨, una pista de Moto Cross, y un Jardín Botánico, y además, se le incorporó la utilización, con fines recreativos, de las posibilidades que otorga un embalse cercano situándole una Base náutica y una Patana, convertida en acogedor bar restaurant flotante.
Por ese sitio pasan durante todos los meses del año, y dedican horas para el descanso y la recreación, miles de familias holguineras, y visitantes de otras provincias cubanas, y también extranjeros, extasiados por el hermoso entorno de mil tonos verdes.
Dada la enorme extensión territorial del Valle, sus excelentes tierras, y las reservas de agua que posee, se mantienen áreas dedicadas al cultivo de alimentos agrícolas, especialmente hortalizas y algunas frutas de probada calidad y reconocido aval, entre ellas, las generadas por varias casas de cultivo protegido. De hecho, tales campos de labranza y producciones agrícolas, lejos de afear, otorgan un toque de singular belleza y distinción al lugar.
Pero mayabe es mucho más que el Valle ya descripto, por tanto, ningún visitante se resiste a transitar, hasta muy cerca, solo unos tres kilómetros más, y llegar hasta el sitio de mayor altura de cuantas elevaciones circundan a la ciudad de Holguín. Allí, como enorme balcón natural que tiene a sus pies a una de las mayores capitales provinciales de Cuba, resaltada por su belleza integral, está el Mirador de Mayabe. Antes, hace unos cuantos años atrás, allí solo hubo un restaurant campestre. Desde 1974 se le adicionó un acogedor hotel, cuyas cabañas y demás instalaciones de servicios fueron construidas con total apego al respeto que merece el entorno natural, y como si fuera poco. Aún con la existencia cercana en la propia ciudad de Holguín de otros hoteles, como el Pernik y el Bosque, y otros más, la histórica preferencia por este hotel en lo más alto del Mirador es rasgo referencial.
El sitio se corona con la entrañable presencia de un manso animalito, borrico de nombre ¨Pancho¨, que deleita a locales y visitantes, nada menos que por su refrescante manía de ingerir cuantas cervezas le sean brindadas. Para tan singular atracción hacia el líquido ambarino, el burrito Pancho hace regir solo dos condiciones bien establecidas, una es que solo bebe a partir del mediodía, y que cada cerveza brindada vaya acompañada de una bien despachada ración de crujientes chicharrones de cerdo.
Dicen, y hasta aseguran, que el ¨primer¨Pancho, hace cinco décadas, merodeaba el sitio del restaurant todos los días al atardecer, y los dependientes comenzaron a obsequiarle los residuos de cerveza que quedaban en las botellas y de los alimentos servidos a los visitantes, hasta que aquello se convirtió en costumbre, y a alguien se le ocurrió la buena idea de construirle a ¨Pancho primero¨, un establo rústico al lado del bar.
Así, al primer burrito Pancho le siguieron otros más de la familia. Ya van como por cuatro o cinco generaciones, y conste que todos con la misma afición cervecera y ¨chicharronera¨.
Es fácil deducir que entre las condiciones principales, la más importante es, seguir llamándose idéntico al primero de los burritos.
Por razones tan convincentes, resulta difícil saber a ciencia cierta cuántas fotografías andarán por todo el mundo, cuántas por nuestras provincias y municipios, guardadas como tesoro, de tantos miles, que alguna vez llegaron y no se marcharon, hasta lograr una fotografía, ¨a cuerpo entero¨, brindando una espumeante cerveza cubana y un puñado de crujientes chicharrones de cerdo, lo mismo al primogénito que a los herederos del nombre Pancho, como para comprobar uno de los ingredientes principales que ha hecho trascender en el tiempo y el espacio al ¨Mirador de Mayabe¨.

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