Estamos... "oyendo radio"

2012.02.06 - 11:43:03 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo García Fombellida

Radio
Holguín, Cuba.- Nadie me hizo el cuento. Yo estuve en el lugar en el preciso momento de suceder aquel hecho fortuito, que ahora recuerdo con entrañable nostalgia. Eran días de celebraciones carnavalescas en Banes, a mediados de los años 70, del siglo pasado, y como siempre, había sido invitado el genial animador German Pinelli, quien sería el encargado de presentar el show artístico especialmente traído de La Habana para la noche inicial. A media tarde las autoridades locales acompañaron al artista en un recorrido por la ciudad. Las calles, a esa hora ya estaban colmadas de “carnavaleros”, especialmente familias casi completas, quienes con la motivación de los adornos, las alegorías festivas, la pegajosa música que inundaba todo el entorno, y los alicientes culinarios, ya celebraban “a su manera”.

Lógicamente, la presencia “en vivo” del prestigioso locutor, y su innata simpatía, atraía a la gente, lo saludaban, le mostraban a los niños y niñas, llovían estrechones de manos, tal si fuera con un viejo amigo, y hasta se produjeron algunos pequeños diálogos, todo sin detener la marcha. De pronto, la coincidencia fue con un matrimonio de campesinos, que se veía a las claras provenían de “bien adentro”. De más estaría decir el impacto de aquellos dos humildes compatriotas al recibir el saludo de Pinelli, que lo reciprocaron con desbordada y noble alegría. Pero lo mejor estaba aún por llegar. Al despedirse, y ya casi en camino nuevamente, la esposa del campesino se acerca al artista y le dice: “Pineliii, y que me dice de Paco y Rita?, como están ellos?, mire que no se le olvide dígale que de acá de Banes le mandamos un saludo y que se embullen como usted y “echen paca” cuando quieran, serán bien recibidos”…

Les puedo asegurar que al maestro de la palabra, como exactamente se denominaba a German Pinelli, no le salió ni una sola en ese momento. Se quedó en una pieza, y solo atinó a decirle… “Ah descuiden, descuiden, en cuanto yo llegue a La Habana, les doy el recado de ustedes, Paco y Rita se van a poner muy contentos”.

Era yo en aquellos años un joven aprendiz, aspirante a desempeñarme en este oficio, de micrófonos, sonidos, y mensajes, y en el cual, ya empíricamente realizaba mis primeros pininos. Aquel matrimonio de humildes campesinos, quienes nunca habrían oído hablar de semiótica o teoría de la comunicación, develaba ante mí aquella tarde, lo que después los libros especializados trataron de explicarme teóricamente, como razón de ser de la radio, o sea, la creación de la imagen sonora en quienes la escuchan.

Actores del programa Alegrías de sobremesaEllos sentían a “Paco y a Rita” dos de los personajes que por entonces ya daban vida a los momentos humorísticos de Alegrías de sobremesa el estelar programa de Radio Progreso, como seres totalmente verdaderos, matrimonio anfitrión de toda la pléyade que le rodeaba en los asuntos que con maestría, ya desgranaba en sus libretos diarios, el maestro Alberto Luberta.

Pero cuidado, ese asunto, y esa imagen no se queda en el recuerdo, ni era fruto de la imaginación sola de un par de campesinos cubanos. Basta con hacer una prueba actualizada, preguntarle a varias personas que se encuentre a su paso como se imagina el momento humorístico en Alegrías de sobremesa, para darnos cuenta que no es imaginación, es sencillamente respeto de millones de cubanos a ese acto tan simple y cotidiano que es escuchar la radio. Cada quien tiene su propia imagen sonora, que si es en el portal de una casa, en el vestíbulo de un edificio multifamiliar, en la sala de “Casa de Rita”, y en cuanto a los personajes, otro tanto, que si son lindas muchachas, ancianitos, esbeltos galanes, santiagueros, habaneros… en fin.

Recuerdo mi etapa de trabajo en la emisora Radio Banes. Eran libras y más libras de sellos de correos usados que recopilamos, año tras año, para entregarlos a los Comités de Defensa de la Revolución y que salían de las miles de cartas que enviaban los oyentes de disímiles sitios, a los programas de la emisora, para ser saludados simplemente. Por cierto aquellas miles de cartas casi siempre comenzaban con un reconocimiento “al compañero locutor” y no resultaba casual.

El locutor es siempre el punto de contacto entre la emisora y el oyente, aunque el equipo de trabajo sea de unos cuantos más.

Oír radio en Cuba es una tradición tan arraigada que nació desde las primeras transmisiones, hace 90 años, y las iniciativas y recetas para “agarrar” oyentes son tantas como multiplicar por el infinito las cerca de 100 emisoras de radio existentes en nuestro país.

Aun con los miles de televisores de hoy, la radio es insustituible, y conste, no es matraca mía. Que lo digan esos miles y miles de oyentes, de varias generaciones de cubanos, escuchando las novelas, como si las estuvieran viendo, todas las tardes, desde las dos. Que lo digan, los enamorados extasiados con esas voces graves y almibaradas de cada noche en los conocidos programas de poemas y canciones románticas. Que lo digan quienes prefieren “ver” la pelota por radio de la mano de Pacheco, de Piti, de Normando, de Duarte, de Rondón, como antes fue de Terencio, de Salamanca, y de Eddy Martin.

Hay que aquilatar en toda su real dimensión lo que significan esos mensajes cotidianos que desde hace años se escuchan en la emisora de Guantánamo, dos o tres veces al día… “avisamos a los familiares de Manuel Abilut en Palenque, que el mismo fue operado de urgencia, y que está bien, cama 2 sala de cirugía del Hospital Agostino Neto… avisamos a Raquel Duvergel en Vilorio, que mañana “pongan bestia” que Panchito va temprano”.

Haber tenido el privilegio de compartir una campaña sobre una embarcación con los pescadores, en el golfo de Guacanayabo, es saber lo que significan los mensajes familiares “desde tierra”, que llegan a través del programa dedicado precisamente a estos trabajadores, cada noche, desde la emisora de Manzanillo.

Esos programas de facilitación social, de la permuta o la venta, de la oferta y la información doméstica oportuna, del saludo y la felicitación cumpleañera, no faltan en ninguna emisora, por cierto, en esto de que no faltan, es preciso destacar también el hecho de que en la mayoría de las plantas radiales cubanas, especialmente provinciales y locales, existe un espacio de música mexicana, siempre con altos niveles de audiencia.

Televisan con las palabras, entran sin permiso a todos los sitios, caben en un bolsillo. Así son los espacios de la radio. Lo cierto es que millones de cubanos “se levantan” todos los días escuchando la radio, y la mantienen de compañía, no importa donde estén o que están haciendo. Las historias de aquel matrimonio de campesinos que le envió saludos a “Paco y Rita” con Pinelli, se repiten, aun los modernismos y adelantos de 40 años después.

Claro que los actuales radios de transistores no calentarían jamás los vasos con agua que “Clavelito” solicitaba situar encima del aparato, para que, en realidad, las viejas válvulas incandescentes, hicieran hervir el agua en los vasos, y de hecho, cualquiera pudiera aseverar que se trataba de las “corrientes de comunicación” entre los oyentes y el legendario personaje, pero traída a la realidad de hoy mismo, la magia de la radio, esa que se establece entre el trasmisor y el oyente, sigue siendo la misma, tan hermosa y elocuente como el primer día, y baste un ejemplo:

En el conocido fragmento del Noticiero cantado que transmite Radio Rebelde a las 5 y 50 de cada madrugada, el poeta repentista, músico e intérprete de melodías campesinas Germán Obregón, quien lidera el espacio, decidió concluir cada emisión como si se marchara en “la carreta de Valero” y así monta junto a él a un grupo de oyentes cada día, “los que quepan en la carreta”. Son miles de oyentes los que escriben al espacio para “montarse en la carreta”, tantos, que ya las reservaciones van como para dos meses por delante. Vaya usted a saber cómo es la imagen sonora que cada quien crea cuando Germán Obregón anuncia que usted sube al rudimentario y viejo vehículo, que por mas, hasta el ruido “se siente” pues el anfitrión repite una y otra vez, que la carreta de Valero tiene su “raca raca”.

Y ya que menciono este emblemático espacio, bien denominado como el primer y mayor informativo de la Radio Cubana, debido a su tremendo arraigo y alta audiencia, hace unos años, un campesino llamó telefónicamente desde un barrio rural en las montañas orientales a fin de plantear un asunto de su interés a los periodistas del prestigioso espacio informativo. Al recibir la llamada, la asistente del programa, Celia Guido, la “mexicana” como le llaman todos en Radio Rebelde, por haber nacido en ese hermano país, saludó y dijo como siempre ha dicho desde el primer día: “estamos Haciendo Radio en que podemos ayudarlo?” … a lo cual el campesino da un salto y le dice; “no me diga, ya me lo imaginaba yo, haciendo radio, y haciendo radio… y se puede saber por qué no acaban de “hacer pilas”. Eso es lo que de verdad hace falta aquí en el barrio. Está bueno ya de estar haciendo radio solamente, “hagan pilas que es lo que tienen que hacer”… Díselo a tu jefe mijita.

Cabina Radio Angulo

Celia Guido

Radio Llanura, Matanzas



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