Gibara: 99 curvas, un cañón y mucho más

2011.07.21 - 21:23:56 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo García Fombellida

Entrada de Gibara, en Holguín, CubaHolguín, Cuba.-  A unos 35 kilómetros al norte de la ciudad de Holguín se localiza una de las localidades cubanas de mayor arraigo en los catálogos internacionales,  confeccionados expresamente por la industria del ocio, para mostrar las singulares bellezas del producto turístico nacional.

En tales promociones aparece lógicamente lo mejor. Esa es precisamente la razón para que siempre se incluya a Gibara. La expresión lanzada por el almirante Cristóbal Colón un lejano día de octubre de 1492 al acercarse a las costas cubanas, precisamente por un punto del litoral a pocos metros de donde luego se asentó Gibara, acuñó para siempre el válido criterio de Colón… “esta es la tierra más hermosa…”

Primero, su gente noble, humilde y siempre hospitalaria. Le sigue el paradisíaco  entorno natural, con una inmensa bahía como de cristal, de aguas siempre mansas, donde refulgen los rayos solares de día, y se multiplica de luz la noche por el reflejo inmaculado de la luna.

En esas aguas que nutre el atlántico, está, a la vista, una de las ofrendas más hermosas de Gibara. Se trata de una inmensa cantidad de pequeñas embarcaciones, como salidas del pincel más diestro, unas más cerca, otras más alejadas, coloridas y pintorescas, con nombres tan atractivos como ellas mismas, moviéndose al vaivén acompasado de la brisa, mientras, totalmente abstraídos de toda irrupción externa, sus dueños extraen, con la utilización de rústicas y antiquísimas artes, los siempre apreciados alimentos que el mar ofrece.

Quedan en tierra firme gibareña, las huellas indelebles de su historia, construcciones coloniales, fortificaciones de resguardo ante la posibilidad real de ataques piratas, calles largas y rectas  diseñadas con esmero desde la parte alta hasta la costa, el viejo teatro por donde leyendas y realidades aseguran pasaron joyas artísticas en sus años de esplendor, el no menos antológico Hotel Ordóñez que ahora se restaura, el museo de Historia Natural,  el “Fuerte” de la loma, el trozo amurallado que se cuida como reliquia, y todo esto, en singular armonía  con el ímpetu de la modernidad, que en nada altera.

Así la Hilandería, el Astillero, el Cine, los Parques, los restaurantes, el malecón, el Hospital, las modernas Petrocasas,  los campos eólicos, y más, mucho más. No por casualidad a Gibara la tomaron más de una vez como sets  “natural” para innumerables películas cubanas, y sobre todo, algunas de las más conocidas obras cinematográficas de Humberto Solás, quien siempre le demostró a este hermoso pedazo de Cuba una especial y particular inclinación de amor.

Aunque lo expuesto ya colmaría cualquier expectativa válida para definir una visita a Gibara, falta un detalle, que se presenta a la vista mucho antes de arribar a la villa, porque el asunto está precisamente en la vía asfáltica.

Gibara, Cuba.  Le llaman con exactitud “la carretera de las 99 curvas” pues esas, y hasta quizás más,  algunas más pronunciadas, otras menos, son las que encuentra el conductor  del vehículo que transita desde la Ciudad de Holguín hasta llegar a la última, recorridos unos 30 kilómetros, y que como un telón sorpresivo, al superarla aparece imponente y en todo su esplendor la Villa Blanca de los Cangrejos.

Leyendas escritas, como en todo lo humano y lo divino, aseguran que las curvas de la carretera de Gibara se deben a las abruptas condiciones del terreno, eminentemente pedregosas de índole marina, que encontraron los proyectistas y constructores cuando a mediados del pasado siglo se acometió la obra, otros, más suspicaces, aseguran que, altas sumas de dinero por medio, pagadas por los terratenientes y gustosamente cobradas por los ejecutores, fueron poniéndole curvas a la carretera, unas para acercarla a las fincas, y otras para alejarlas, según el pedido, cumplido… “a la orden”.

Complementan la sinuosa vía asfáltica entre Holguín y Gibara un bello paisaje campestre, varios pobladitos, algunos ya no tan pequeños como lo fueron en sus respectivas fundaciones y hasta la cuidadosa construcción de pequeñas edificaciones, cuidadosamente ambientadas y cuidadas, que sirven de segura protección al viajero.

No puede terminarse esta  reseña invitación sin mencionar un sitio que aparece a un lado de la carretera, en la parte izquierda para quien va desde Holguín, justo en lo más alto de uno de los columpios o pequeñas elevaciones del terreno, llamado Loma de Hierro. Allí está, perpetuado por la historia, el monumento que marca el sitio exacto donde por primera vez, las huestes mambisas, al mando del General Calixto García Íñiguez, utilizaron una pieza de artillería.(Fotos del autor)
 



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   Evelyn Labrada Tamayo      evelynlabrada@nauta.cu      Cuba
   04.10.2016 - 2:54 pm
Sin duda es la ciudad mas bella, lo dice una Gibareña


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