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Guarda la Vaca... siempre un detalle inolvidable
2011.12.07 - 18:27:10 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo García Fombellida

Aunque transcurrieron ya unos cincuenta años, el hecho lo recuerdo como de ahora mismo. Parece que a algún improvisado promotor, de la entonces remota industria turística en la región, no lo convencía mucho aquel nombre, sin relación aparente, para una de las mejores playas cubanas, y buscando algo más sugerente en el entorno, decidió poner “Barca” donde desde siempre estuvo “Vaca”.
Aquel cambio de nombre se aprobó, y durante varios años, tanto en las vallas identificativas del lugar, como en catálogos y publicaciones aparecía “Guarda La Barca”, en vez del original “Guarda La Vaca” acuñado por los primeros pobladores, desde que allí encontraron un sitio apropiado, entre los peñascos altos cercanos a la costa, para proteger el ganado de las incursiones de los piratas.
Pero un día definitivo las aguas, y no precisamente las de la playa cercana, tomaron su nivel. Se impuso el respeto a la semilla.
Desde entonces, aunque no dejan de guarecerse embarcaciones, y no existe ya ningún cercano corral o pesebre vacuno por el entorno, esta es Guarda La Vaca.
Salvada la necesaria aclaración histórica, a Guarda La Vaca se le fueron incorporando otros atributos complementarios al autóctono, regalo pródigo de la naturaleza.
Así, primero, la carretera, que es hoy la mejor vía en Holguín, y que enlaza los 53 kilómetros entre la capital provincial, y lo que al principio fue un pobladito rural, y hoy es una ciudad, con el mismo nombre de la mundialmente conocida playa. Otra vía asfáltica, de unos 40 kilómetros, la comunica con Banes, que por cierto es la capital del municipio donde se asienta Guarda La Vaca.
A las primeras viviendas, le siguieron otras, y poco después empezaron a levantarse, institucionalmente, instalaciones de servicios, recreación, y hospedaje. Fueron los años del primer Hotel en la zona, nombrado lógicamente como el lugar, y luego, la Villa de Cabañas, una ¨Pista¨ de Bailes, un edificio para taquillas y duchas, y un par de restaurantes, que se completaron con áreas de parqueo, jardines, parques de estar, cercas perimetrales, vías internas, y alumbrado público.
La verdadera ¨explosión¨ para coronarse en la industria turística ocurrió al levantarse allí varios grandes hoteles, modernos y acogedores, dotados de todos los requerimientos internacionales. Se complementaron con bases de aseguramientos para transportes, ómnibus, autos, motos, y ciclos. Se construyeron tiendas, centros de recreación, campos deportivos, áreas de servicios náuticos, y hasta un pequeño aeropuerto, que facilita viajes a otras regiones por medio de pequeños aviones y helicópteros. Así Guarda La Vaca, y otras playas cercanas, se convirtieron en punto de necesaria referencia internacional, para quienes, desde lejanos confines del mundo, deciden vacacionar en tierra cubana.
Otros muchos atributos posee Guarda La Vaca, junto a los ya descriptos, hechos por manos humanas, o regalados, la mayoría, por la naturaleza. Los cientos de miles de visitantes que allí llegan cada año, lo saben muy bien.
Pero Guarda La Vaca no es solamente la exclusividad y el confort de sus habitaciones hoteleras. Guarda La Vaca es la posibilidad singular de encontrarse “en familia” con personas que llegan, desde poblados y ciudades, cercanos o lejanos, incluso de otras provincias. Desembarcan allí, lo mismo en agosto, que en enero, gracias a la bondad del clima imperante. Llegan lo mismo en transportes propios, que institucionales. Se diseminan bajo las frondosas uvas caletas, típicas en la zona, y arman el criollísimo jolgorio, donde no faltan las comidas típicas y la espumosa cerveza cubana, y donde todo el mundo es familia, aunque se conocieron solo unos minutos antes.
En Guarda La Vaca caben todos, no importa si coinciden miles de visitantes, canadienses, holandeses, británicos, guantanameros, camagüeyanos, holguineros. La playa es inmensa, varios kilómetros de fina y blanca arena, y las aguas, tibias, claras, seguras, siempre apacibles.
Lo dicho sería suficiente para un intento de retrato sobre este pedazo de Cuba, bendecido por la naturaleza. Pero falta más, mucho más. Lo encuentra alguien, lo encuentran todos, cada vez que por primera, o milésima vez se llega a este remanso costero, en el norte oriental de nuestro archipiélago, que guarda barcas, guardó “vacas”, y guarda siempre un detalle nuevo, para que se aloje inolvidable en el corazón de sus visitantes.


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