Los verdes intensos de la otra Moa (+Fotos)

2014.09.21 - 11:25:05 / web@radiorebelde.icrt.cu / Aroldo García Fombellida

Los verdes intensos de la otra Moa. Foto: Aroldo García
Vista de la localidad de Farallones en el municipio de Moa, Holguín. Foto: Aroldo García

MOA, Holguín. –De solo mencionar a Moa, uno de los catorce municipios de la provincia de Holguín, se asocia casi instintivamente, aún sin ni siquiera haber estado alguna vez allí, un lugar agreste, caluroso y plomizo, con una fangosa tierra roja que lo invade todo, hasta la piel humana.

Por esa precisa razón, cada vez que tengo oportunidad reflejo a «la otra Moa». Es la que enmarca, además de las únicas dos fábricas de proceso niquelífero que existen en Cuba, a una ciudad moderna, con amplias avenidas, universidad, hoteles, aeropuerto, barrios residenciales, hospitales, canal de televisión, emisora de radio, y una amplia red de servicios comerciales y gastronómicos entre otras bondades de su modernidad y constante actualización. Tanto, que se dice con meridiano acierto que quien nace en Moa no tiene que salir de ese municipio para completar cualquier aspiración profesional o social.

Los verdes intensos de la otra Moa. Foto: Aroldo García
Ómnibus escolar de los niños en Farallones, Moa, Holguín. Foto: Aroldo García

Ah, pero en el mismísimo municipio de Moa existe un buen pedazo de su geografía donde sus residentes –que son unos cuantos, por cierto– jamás sienten el agobio de un calor sofocante, no conocen de amplias avenidas, en vez de rojo predomina el color verde intenso, las noches son frescas, y hasta frías, y el aire llega impregnado del aroma de flores y cafetos.

Esas son las comunidades localizadas en las impresionantes montañas de la región. Para llegar a ellas no es fácil, pero hasta tales trayectos los agradece el visitante, cuando a su paso, va encontrando muestras tangibles y plenas de que protección y amparo integral en Cuba no es asunto circunscrito a las grandes ciudades o asentamientos principales.

Esta vez, enfilamos hacia Farallones de Moa. Por el camino, varios pobladitos más pequeños nos impulsan apuntes y nuevas fotos. Son las pequeñas farmacias, la tienda mixta, el pan recién horneado, la «guarandinga serrana» cargada hasta el tope, los cables del sistema nacional de electricidad trepando las montañas, y más, mucho más.

Los verdes intensos de la otra Moa. Foto: Aroldo García
La «guarandinga serrana», transporte de los pobladores de Farallones, Moa, Holguín. Foto: Aroldo García

Es mediodía, casi exacto cuando arribamos a Farallones, con el mismo bullicio que en el vedado capitalino salen los pequeños de su escuela primaria. La «volanta» de un padre se convierte en el ómnibus escolar para los que más lejos viven, otros seguirán a pie, subiendo en grupo las empinadas cuestas.

Justo al lado del restaurant, en el espacio que queda antes del taller de artesanía, se inaugura un gimnasio biosaludable.

Simbólicamente se ponen en uso los diversos equipos cuando la persona de más edad en este poblado y José Agüero, el incansable coordinador de los programas del Plan Turquino en la provincia, echan a andar uno de los novedosos aparatos.

Los verdes intensos de la otra Moa. Foto: Aroldo García
La instauración de un gimnasio biosaludable contribuye a la calidad de vida de los lugareños. Foto: Aroldo García

Luego, el almuerzo en el propio restaurant, sin aviso previo nos da pie para admirar calidad y sazón, elementos que muchas veces andan en falta por establecimientos citadinos con más condiciones.

Queda tiempo apenas para visitar el área deportiva, saludar al médico y la enfermera en su consultorio, y disfrutar un café «carretero» en la casa amiga de un vecino cercano.

Los verdes intensos de la otra Moa. Foto: Aroldo García
Bodega remodelada en la localidad de Farallones. Foto: Aroldo García

Ya casi bajamos cuando nos encontramos, a la salida del poblado, con el presidente del Consejo Popular y un nutrido grupo de farallonenses –imagino sea así su gentilicio–, quienes regresan de la dura jornada en la recogida de café, ahora en su punto máximo de maduración.

Un mirador natural nos invita para contemplar los planos montañosos y la lluvia que se acerca.

Los verdes intensos de la otra Moa. Foto: Aroldo García
El pan recién horneado es uno de los atractivos que puede encontrarse de paso por Moa. Foto: Aroldo García

Ya es casi de noche cuando entramos a la ciudad cubana del níquel. Pernoctamos en un hotel de blancas paredes y climatización completa. Los enormes cristales de sus ventanas reflejan como pantalla de cine las mil luces del entorno, una de las fábricas, y hasta el vapor de sus chimeneas. Se escucha el sonido característico de una cercana discoteca.

A esta hora, allá arriba, en Farallones, el otro pedazo de Moa, se estará escuchando quizás un concierto de grillos, mientras el rocío ya comenzará a humedecer los cafetales.



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