
Matanzas, Cuba.- De la misma forma en que con la colocación de la primera piedra en el castillo de San Severino en 1693, se iniciaba audazmente la construcción de la ciudad de Matanzas; 320 años después, los citadinos que se darán cita en la noche de este 11 de octubre- momento de develar la tarja que la consagra como sitio Monumento Nacional-, asumirán instintivamente el llamado a trascender en favor del patrimonio inmueble con superior resolución de la que hicieron galas los precursores.
El insistente desvelo del matancero se premia como suerte de primera dispensa, con la declaratoria de 92,2 hectáreas de su centro histórico urbano con la categoría de Monumento Nacional, que comprende un total de 76 manzanas representativas de valores de los siglos XVIII, XIX y XX.
Pero hoy el contexto es esperanzador. Signado por la oportuna constitución de la primera cooperativa no estatal, comenzará Matanzas a restañar sus heridas. Sus pobladores se sumarán uno a uno y luego en centenares y hasta reunir millares para acometer pacientemente la retadora hazaña de la renovación.
Y era de esperar, porque dan la razón a la impronta acrisolada por soñadores y enamorados de la historia, de esos que han demostrado que la preservación, más que sueño; es sustento, motivación y savia.
El matancero que no hace alardes de vivir en una de las primeras ciudades modernas de Latinoamérica, donde destaca como primicia el trazado solar y los valores intangibles de esta, resuelve preservar su historia inmueble, que no es más que afianzar los pedestales de su futuro.





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