Cuando vino al mundo lo llamaron Nicanor Mac Pórtland. Después del nombre, llevaba el apellido de su madre porque había nacido de una pasión extramatrimonial.
Un día saldó la deuda con sus raíces. Y fue así que la historia lo conoció como Julio Antonio, Julio Antonio Mella.
Su padre, Nicanor Mella Breá, supo pronto que aquel retoño suyo no quedaría, simplemente, para continuar el negocio familiar de la sastrería. Su abuelo paterno fue uno de los próceres de la independencia de República Dominicana y Julio Antonio llevaba muy adentro la rebeldía de quien lucha por sus ideales de justicia.
En 1921 matriculó Derecho, Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Allí nació el líder, el fundador de la Federación Estudiantil Universitaria.
Desde el 20 de diciembre de 1922 la universidad tuvo otro significado. Como él mismo lo previó, aquella Federación nacía para fortalecer el movimiento estudiantil, defender los derechos, progresar, y aprender desde jóvenes las conveniencias de la hermandad y de la unión.

Cuenta una de sus compañeras de estudio, Sarah Pascual, que era “un organizador con entusiasmo apostólico, rodeado de muchos amigos, incluso de quienes lo seguían y admiraban aun sin poseer su militancia y sin estar plenamente identificados con su definición política”.
Sin duda, era de esos hombres que arrastran entusiasmo y deseos. La FEU tuvo la suerte de que Mella fuera la semilla. Más que sus palabras, quedaron sus acciones. Supo enseñarnos que no se puede ser indiferente a los designios de la Patria. Y la lucha es infinita.
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