Cienfuegos, Cuba.- Impresionante resulta la entrada al cementerio Tomás Acea de la ciudad de Cienfuegos, por la belleza de la antigua edificación entre jardines unidos a la historia y al silencio del misterio de la muerte.
Elegante edificio administrativo de formas clásicas con gruesas columnas y dibujos de la época remontada al siglo XIX antecedido de una imponente entrada que inspira respeto desde la llegada por la vía que comunica la ciudad con la entrada por el circuito sur.
Dignos de admiración los viejos árboles, como los Pinos inmensos y demás especies cuidados con esmero por los jardineros y demás personas encargadas del mantenimiento del cementerio local.
Cementerio proyectado por los ingenieros Pablo Donato Carbonell y Luis Felipe Ros y el cual constituye una muestra valiosa del quehacer constructivo del año 1926 y de los conceptos foráneos norteamericanos más modernos de aquellos tiempos respecto a otras instalaciones mortuorias.
Necrópolis cienfueguera que lleva el nombre de Tomás Acea en honor a una de las familias más acaudaladas de la Perla del Sur, tiempos atrás y la cual según consta en la historia donó parte del capital para la obra considerada por los expertos entre los mejores de su tipo en Cuba.
Llaman la atención muchos monumentos funerarios construidos en medio de la topografía ondulada del terreno, cuyos recintos funerarios se integran al paisaje de la Perla del Sur en este cementerio declarado Monumento Nacional desde 1986.
Uno de los recintos es el de la eminente actriz Luisa Martínez Casado junto a los de otras familias de la localidad, al de los Veteranos de la Guerra de Independencia y el Mausoleo dedicado a los mártires del 5 de Septiembre de 1957, a los caídos en Cienfuegos cuando la sublevación de marinos y civiles contra la dictadura de Fulgencio Batista y que fue diseñado por el escultor Evelio Lecuor y los arquitectos Daniel Tabeada y Enrique Capablanca.
Asimismo sobresale el monumento a los cienfuegueros que dieron la sangre en países africanos luchando por la libertad de otros hermanos en el cumplimiento de misiones internacionalistas.
Otro sitio ocupa hoy el obelisco que recientemente se inauguró dedicado a Don Luis Declouet, fundador de la antigua Villa Fernandina de Jagua (1819) cuando colonos franceses se asentaron en honor al Rey Fernando VII y a su estirpe aborigen.
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