Nosotros, los guajiros

2017-02-22 06:05:13 / web@radiorebelde.icrt.cu / Yoel Almaguer de Armas

Frustraciones(2009) Nueva visión de Guernica. Autor: Ivan Carbonell Guerra ( Cuba )
Frustraciones(2009) Nueva visión de Guernica. Autor: Ivan Carbonell Guerra ( Cuba )

Salí el domingo pasado de mi casa de Consolación del Sur. Consolación es el municipio que está antes de llegar a Pinar del Río, cuando vamos desde La Habana. Tiene cerca de veinte mil habitantes y calles estrechas.

Quienes viajamos de Consolación y hasta la Capital de todos los cubanos debemos andar 126 kilómetros, y cerca de dos horas y quince minutos si el viaje es en guaguas Yutong.

En Consolación hay una terminal de ómnibus pequeña y en el fondo de ella es donde se reservan y confirman los boletines. Por una puertecita sin porteros, salimos todos.

Siempre me ha complacido el momento de subir a la guagua. Adentro, disfruto el reencuentro con amistades de antes. Unos estudian aquí, otros suspendieron y ahora venden ropa en un punto de la ciudad, y la mayoría se ha ido del país. “Con lo inteligente que era Elizabeth”. Dije yo cuando supe que ella lleva tres meses viviendo en Miami.

Los que hemos pasado la infancia o hemos vivido mucho tiempo fuera de la Capital, sabemos de la hora en que cantan los gallos, sabemos que en estos lugares es más fácil estar al tanto de todo, sabemos del vecino enfermo y de los cocimientos que lleva su malestar.

Los habaneros dicen que los no nacidos en La Habana somos del campo. Y eso es maravilloso.

Yo digo que somos guajiros. Y esa diferencia me agrada.

Imagen: Guantanamera NYC
Imagen: Guantanamera NYC

En este último viaje a Consolación noté que la gente, guajiros como yo, subían a la Yutong con rostros refinados, con sonrisas creadas frente a un espejo y ensayada para momentos determinados. Imagino que todo esto por el viaje a La Habana, en Yutong.

No hablé con nadie en todo el camino. Porque no había nadie con los que en algún momento tuve un vínculo escolar, y con los que conocimos bien el fango de la entrada de la Secundaria a la que íbamos todos. Los mismos que luego estudiamos en las universidades habaneras, ya no estaban, o ya no coincidimos.

Las personas que viajaron conmigo este domingo en la guagua, deben estudiar en alguna de las escuelas de La Habana y ahora se dicen:

“¿Qué tal?”. Y siguen por el pasillo estrecho de la guagua.

“El problemas es que un día dejamos de ser lo que fuimos. Y a diario vamos despojándonos”. Pensé.

A pocos kilómetros de la autopista de Consolación, me aburrí del libro que leía y cerré los ojos. En estas guaguas es casi imposible quedarse dormido porque los asientos provocan dolores de cervical a corto plazo, y uno debe estar muy cansado, o acostumbrado, para dormir profundamente.

El chofer hace una parada.

Yo venía en el asiento nueve y ahí mismo se quedaron tres pasajeras, jóvenes, que reconocí por los tonos de la voz.

“Mija, mi mamá llega el miércoles, ¿qué te guardo? Dime antes que la gente empiece a llevarse las cosas”. Le dice una de las muchachas a la otra. Dos de ellas parecían hermanas o primas.

“Ay mija no sé, guárdame unos ajustadores”, advirtió la que no era pariente.

Y yo abrí los ojos.

“Mi mamá trae zapaticos de este tipo” y las tres miran el modelito de los zapaticos de la que hablaba. “Pero trae de todos los colores”. Aquellos zapaticos eran de color hueso y de cordones rosados. Supuse que esa era la moda en Venezuela, uno de los lugares de los que pudiera venir la mamá.

“A mí no me gustan esos tipos de zapatos”, respondió.

Luego: “Mija, a mi papá le regalaron un celular Sony”.

“Ño mija que rico, debe estar súper contento”.

“¿Y es táctil?”

“Mija, claro, ¿quién va a regalar un celular de tecla a estas alturas?”

Me deprimió el cerebro de mis compañeras de viaje, con shorts verdes, azules y rojos, y las tres con labios anchados a la fuerza y pintados de un color bien oscuro.

Las guajiras ya están así, y creo que sientes pena de su fango, de sus gallos, y hasta de su gente, que pudieran ser inferiores porque se quedan en mi terminal de cuatro puertas, donde la última es la más estrecha y es para los pasajeros que viajan hacia La Habana.

Guajira cubana. Foto: Daian Gan
Guajira cubana. Foto: Daian Gan



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   Carlos Pérez      ppcarlitos@gmail.com      Cuba
   22.02.2017 - 10:33 am
Me gustó su crónica, me gustaron las representacionesd e cuadros y foto. Buen arte en ambos. Se tiene que comenzar a reconocer las diferencias entre los nacidos en la capital y los demás, las "represiones verbales" en contra de los no habaneros para comprender mejor el destino de los demás. Lo único que no me gustó es "La capital de todos los cubanos", pues ya la siento como la capital de Cuba y es tan sencillo sentirlo así por cuanto no tengo en mi provincia una ley que discrimine a un nacido en otra provincia como si la tiene su capital. Ni tampoco discrimino a otros por su nacimiento o lugar de origen.


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