
Babo se comporta de forma amigable, y cuando crecen un poco, hasta les permite que se les suban a la cabeza sin protestar. Foto: Teresa Valenzuela
Los gatos que ven en las fotos los unió la vida; son hijo y madre; ah, y viven en mi casa; el amarillo es Babo, de apenas un año de edad, y a su lado está la moteada, a la que pusimos por nombre Embarazada porque casi todo el tiempo está esperando familia, que por lo general son hembras.
Dos meses atrás aproximadamente, trajo al mundo seis féminas, que por suerte quiso quedarse con todas, una amiga de Guanabacoa que tenía una avalancha de guayabitos -ratones pequeños-, en su casa; así se les pudo asegurar un techo y comida, además, de trabajo para el futuro.
Los recién nacidos tenían todos los colores en el cuerpo; combinados algunos, y otros de uno solo, debido a que Embarazada tuvo relaciones amorosas con un grupo numerosos de felinos que cada noche se daban cita en las cercanías del apartamento y techos aledaños, con los consabidos combates.
Entre los dos animales existe una gran amistad que se manifiesta con hechos concretos: cuando ella pare, se comporta como una madre amorosa, sólo la primera semana; con más seguridad, los diez primeros días del alumbramiento, en que independiza a sus descendientes; entonces vuelve a su rutina, de estar acostada en uno de los sillones de la sala, cazar lagartijas en el patio, o elegir a los galanes más atractivos del vecindario para próximos amoríos.
Sin embargo, cuando se ausenta, los pequeños no quedan abandonados a su suerte, porque Babo asume con seriedad el rol de un padre responsable; entonces sucede algo inusual y curioso: se acuesta en medio del grupo para darles calor, acariciarlos, y acompañarlos durante las horas que sean necesarias, sin manifestar descontento alguno; ella vuelve sólo un breve tiempo en el día, para amamantarlos hasta que les comienzan a salir los afilados dientes.
Babo se comporta de forma amigable, y cuando crecen un poco, hasta les permite que se les suban a la cabeza sin protestar. En verdad resulta grato observar esa acción que habla de solidaridad y ternura. Si se sigue la secuencia de su comportamiento en las fotos, pudiéramos pensar que nos dice con determinación: “Caballeros, para algo somos los amigos: ¿no?”.
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