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  • Para suerte de los cubanos

    2010.04.26 - 13:53:50 / web@radiorebelde.icrt.cu / Teresa Valenzuela García


    Paseo del Prado, Cuba
    La Habana, Cuba.- No puede hablarse de los leones del Prado, sin mencionar el Paseo que ellos custodian y que los cubanos identifican también como Paseo Martí construido en 1772 durante el gobierno del Marqués de la Torre durante la segunda mitad del siglo XVIII. Es este un lugar especial de la capital cubana que merece conocerse en detalles, ya que lo adorna una rica historia.

    Como eternos guardianes, aparecen ocho siluetas robustas, en algunas de las puntas del Paseo Martí o del Prado, que repleto de árboles lleva a caminantes desde el malecón habanero hasta el Parque Central, en medio de un renovado bullicio.

    Cuentan los historiadores que en los comienzos se instalaron alrededor de éste los primeros teatros de importancia y se levantaron las primeras mansiones.

    En el aún céntrico lugar permanecen hasta nuestros días los leones con un realismo, belleza y poesía tal, que el visitante fácilmente puede sentir sus rugidos y observar su larga melena mientras la sacude el viento al emprender una veloz e infinita  carrera.

    Con el don especial de encantar a los niños han sido testigos de innumerables acontecimientos históricos y sociales como la realización de fiestas carnavalescas durante muchos años y de paradas militares, desfiles cívicos y actividades culturales.

    Siempre con su impresionante y agresiva mirada, estos leones anónimos constituyen escenario propicio para una foto familiar, o simplemente para enmarcarlos en hoteles del derredor como el Telégrafo o el Sevilla. Sus estatuas se añadieron en 1928.

    Especialistas en el tema recuerdan que a fines de 1700 las autoridades coloniales españolas adoptaron un programa de obras públicas con la finalidad de otorgar un brillo particular a la Villa de San Cristóbal de La Habana, fundada en 1519.

    Paseo del Prado, CubaLas primeras renovaciones incluyeron dos alamedas o paseos, sumadas al primer teatro y un palacio de gobierno. Una de ellas, resultó extramuros (Muralla de La Habana, creada para la protección contra ataques de piratas), concebida para paseos vespertinos de carruajes. Por lo tanto, se extendió por un kilómetro entre dos puertas de la Muralla y consistió en dos hileras de árboles, bautizada entonces como Nuevo Prado. Rápidamente tuvo gran acogida y se convirtió en un lugar de reunión y descanso.

    Ya a fines del siglo XVIII el Prado constituía un escenario propicio de la sociedad habanera, reforzada su imagen al término del siglo XIX. Crecieron modernas viviendas alrededor y en 1928 recibió un nuevo empuje con bancos de mármol, luminarias,  y su más importante agregado: los leones, inmortales  en el tiempo para suerte de los cubanos.
     


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