
Fotos: José M. Correa
Cada 31 de diciembre, a las doce de la noche, desde la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, en La Habana, se ilumina el cielo. Son disparadas 21 salvas de artillería en saludo a un nuevo aniversario del triunfo de la Re¬vo¬lución Cubana.
En la ceremonia militar resuena la voz de mando dada por el Jefe de la Batería de Salvas, y mientras se escuchan las notas del Himno Nacional, retumban los disparos de los obuses de 122 milímetros M-30, operados por cadetes de la Escuela Interarmas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias General Antonio Maceo, Orden Antonio Maceo.
Entonces, bajo un silencio impresionante, suenan los disparos en honor a los mártires de la Patria y a nuestro pueblo.

Pero esta ceremonia que también se realiza en varias partes del mundo tiene su historia. Las salvas se ejecutan mediante el disparo de un determinado número de cañonazos sin proyectiles, solo la carga propulsora; y constituye una señal de bienvenida, saludo, tributo o conmemoración de grandes acontecimientos.
Esta práctica universal se remonta a la aparición de las primeras armas de artillería y se prolongó durante mucho tiempo, transformándose en costumbre obligatoria, que se extendió también a la marina, la que ejecutaba las salvas cuando un barco se aproximaba a un puerto amigo, o neutral, o se cruzaba con otro durante la navegación, evidenciando la ausencias de intenciones ofensivas.
Según varias fuentes bibliográficas, al parecer el probable origen de la salva de 21 cañonazos fue en la ciudad alemana de Augsburgo, Baviera, cuando se realizaron los preparativos para la recepción del Emperador Carlos V (1500-1558).
Según crónicas de la época, al arribo del soberano debía ejecutarse una salva de cien cañonazos. Tras la prolongada serie de estampidos, el oficial encargado de la operación, equivocando la cuenta, ejecutó un disparo más.

Esta práctica de 101 cañonazos se repitió en las ciudades vecinas, pero más adelante, tal vez por el tiempo que demandaba la operación o por razones económicas, la serie se disminuyó a veintiuno, conservándose el histórico cañonazo impar agregado por aquel artillero.
Otros libros narran que el origen del saludo protocolar de veintiuna salvas de artillería tiene su origen en el siglo XIV, cuando los cañones sólo podían dispararse una vez.
El modo que tenían los navales para demostrar sus intenciones pacíficas era descargando su artillería. Para ello saludaban disparando siete cañones de una vez, dejándolos sin posibilidades de ataque, y los cañonazos se contestaban desde el puerto con igual número de disparos.

Luego, con el advenimiento de las baterías terrestres que podían disparar tres tiros, el saludo pasó a ser de 21; haciéndose tronar tres veces consecutivas los siete cañones.
Ciertamente, la costumbre de rendir honores y tributo de homenaje a un acontecimiento o persona se remonta a épocas pretéritas, incluso antes de la aparición de las armas de fuego.
En Cuba, la ceremonia de 21 salvas de artillería tiene lugar cada año en fechas significativas como el 28 de enero, en el aniversario del natalicio de José Martí; ante el primero de enero, en el advenimiento del Triunfo de la Revolución; y en el mes de abril, a propósito de la declaración del Carácter Socialista de la Revolución Cubana.

El ceremonial militar se realiza en la Plaza de Armas de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, en la capital cubana, y es ejecutada por 39 cadetes de la Escuela Interarmas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias General Antonio Maceo, Orden Antonio Maceo, operando obuses de 122 milímetros M-30.
En nuestro país, los 21 cañonazos son un signo de respeto y de la más elevada dignidad a la patria y a nuestros mártires.
Cuando son disparadas las 21 salvas de artillería, Cuba rinde honor a su más sagrada historia.


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