Túnel de la Bahía de La Habana: una de las joyas de la ingeniería cubana. Fotos: José M. Correa
El emblemático Túnel de La Habana discurre por debajo de la Bahía habanera y figura entre las siete maravillas de la ingeniería civil cubana.

A lo largo de 733 metros, fue edificada la majestuosa e impresionante obra por la empresa francesa Societé desGrandsTravaux de Marseille. Su construcción se realizó entre los años 1957 y 1958, inaugurándose el 31 de mayo de 1958.
A cargo de la dirección de ejecución y proyección de la obra estuvo el ingeniero cubano José Menéndez Menéndez, quien junto al grupo de trabajo que lo acompañaba diseñó un sistema de tubos de hormigón reforzado, capaz de soportar grandes toneladas de agua.
En 1955 había arribado a La Habana la compañía francesa con el objetivo de construir un túnel flotante que conectaría la urbanizada parte de capital con el extremo este de la urbe.
El túnel de La Habana se encuentra a una profundidad de 12 a 14 metros aproximadamente. En su interior presenta un excelente servicio de alumbrado. Y aunque este no es el único existente en la ciudad, se le denomina así por la gran importancia que tiene para el transporte local y por su majestuosidad.
Los tres túneles que atraviesan la capital cubana, lugares de obligado tránsito, constituyen obras ingenieras de lograda factura, que unen la complejidad de la técnica a la belleza diseñada para cautivar a quienes los cruzan en diferentes direcciones.

El más importante de esta trilogía arquitectónica es el llamado Túnel de La Habana, que corre debajo de su bahía y a lo largo de 733 metros, con cuatro vías- dos hacia la ciudad y dos hacia el este de la capital, donde están las más hermosas playas del litoral-, y que ahorra a los pasajeros transitar decenas de kilómetros alrededor del denominado “anillo” que circunda la urbe.

Un automóvil a 60 kilómetros por hora puede pasar el túnel en apenas 45 segundos. De lo contrario, sería necesario bordear durante más de media hora de recorrido casi 20 kilómetros, circundando la Bahía.
Para su edificación fue necesario dragar más de 250 mil metros cúbicos de rocas y 100 mil de arena. Las labores constructivas se realizaron en condiciones muy difíciles, pues hubo que trabajar debajo del agua, con equipos especiales.
A pesar de los años, su funcionamiento diario no ha cesado, salvo cuando se ejecutan obras de mantenimiento en su interior para conservarlo en condiciones óptimas, o ante fuertes eventos climatológicos que han provocado severas penetraciones del mar.
El túnel que pasa por debajo de la Bahía de La Habana tiene casi seis décadas de servicio eficiente en el sistema vial de Cuba, particularmente en el nudo de comunicaciones que da acceso y salida a la capital. Es una de las obras de la ingeniería civil más notables de todo el país.

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