
Lysbeth Daumont Robles es fundadora de la única biblioteca de historietas en Cuba, sita en La Habana Vieja, específicamente en la Vitrina de Valonia.
En el 2008 cuando se abrieron las puertas de esa biblioteca y antes de empezar los procesos técnicos del oficio, Lysbeth Daumont Robles, estaba ante el reto de dar a conocer la historieta que era desconocida por muchos y, para otros, olvidada.
El segundo reto de Lysbeth era motivar a los niños de las escuelas cercanas a la lectura. Sobre todo en estos tiempos, en que los pequeños están sumergidos en los videos-juegos, y la lectura ha pasado a un tercer plano. Además, con el objetivo de dar a conocer el género, sus personajes y los autores, creó el taller Vamos a leer historietas.
Según Lysbeth con el taller se logró que los niños se motivaran por la lectura, que leyeran un rato cada día parte de los libros. Además, se vinculó a los profesores de las escuelas, de tal manera que orientaban tareas sobre las historietas. Pero sin dudas lo más gratificante para la joven es ver a los niños ir solos a la institución interesados por disfrutar de la lectura.
La joven bibliotecaria asegura que muchos no conocen la importancia de las historietas como medio de expresión y como arte. Los historietistas cubanos carecen de información que puede ser obtenida en la institución cultural.
A causa del periodo especial la historieta se vio afectada por la escases de papel, por lo que en la actualidad solo se pueden encontrar muy pocas. Uno de los creadores de la revista Cómicos en los años 80, Manolo Pérez, afirma que la historieta hoy está en terapia intensiva. Su argumento es que no hay muchos autores nuevos, y hay carencia de espacios para publicar estos trabajos.
Aunque a veces no creamos en el destino, hay algunas personas que sin duda son marcadas desde pequeñas. Lisbeth nunca se imaginó que trabajaría en una biblioteca de historietas, lo cierto es que la joven nació en los años 90 cuando el género desaparecía. Sin embargo, desde niña un acontecimiento marco su vida, el padre de la historieta cubana, Virgilio Martínez selló a la pequeña.
De pequeña, Lisbeth iba al trabajo de su papá en el periódico Granma, por esa fecha Virgilio trabajaba ahí como caricaturista. Él le regaló el primer paquete de crayolas y le enseñó a dibujar. Ella no era consciente del privilegio que la vida le estaba regalando, desde ese momento se sembró el amor por la historieta en la niña, y hoy es la bibliotecaria de la única biblioteca de ese género literario en Cuba.
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