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Aniversario 60 del inicio de un histórico viaje
2011.12.29 - 15:07:33 / web@radiorebelde.icrt.cu / Víctor Pérez Galdos

Decidido a desafiar todos los peligros y a disfrutar a plenitud de lo que podría apreciar en su transitar por varios países de América Latina, el 29 de diciembre de 1951 Ernesto Guevara en unión de su gran amigo Alberto Granado salió de la ciudad de Córdoba, Argentina. En ese instante él era estudiante de medicina. Alberto ya había concluido su carrera de bioquímico. En esa etapa inicial del recorrido utilizaron la denominada “Poderosa Segunda”, una moto que Alberto había adquirido desde hacía varios años.
De Córdoba se dirigieron hacia Buenos Aires, la capital de Argentina, para que allí Ernesto se despidiera de sus padres.
Desde el propio día de la partida tuvieron que enfrentarse a situaciones peligrosas, tal como detalló posteriormente Alberto Granado en un libro que tituló “Con el Che por Suramérica”.
Tras haber arrancado la moto y Ernesto haberse colocado en el sillín posterior iniciaron la marcha. La moto estaba sobrecargada.
Al volverse Ernesto para saludar a los que los despedían hizo un movimiento algo brusco lo que provocó que Alberto perdiese momentáneamente el dominio de la moto y que casi se estrellaran contra un tranvía.
Los familiares y amigos se alarmaron y les gritaron alertándolos del peligro pero Alberto lo que hizo fue acelerar más el medio de transporte para pasar primero por la línea y evitar impactarse contra el tranvía.
En el libro que reflejó sus memorias, Alberto señalaría que después de haber evitado la colisión se desplazó en forma vertiginosa con la moto por unas 20 ó treinta cuadras y que cuando la frenó y arrimó a la acera Ernesto lo increpó en forma airada. Más él se limitó a contestarle que si después de ese percance inicial hubiera detenido la moto entonces las súplicas y advertencias de los familiares les hubiera echado a perder sus planes de continuar realizando el viaje y que por eso no había parado hasta estar bien lejos del lugar donde ellos se hallaban.
Finalmente Ernesto comprendió las razones expuestas por su amigo y terminaron riéndose de cómo habían podido sobreponerse a ese instante de peligro y luego siguieron la marcha.
Al día siguiente Ernesto Guevara y Alberto Granado se dirigieron hacia Rosario y después llegaron a Buenos Aires.
Señaló Granado que allí tuvieron que escuchar, al igual que en su casa, las sátiras sobre el famoso viaje, su posible fracaso y que sólo la mamá de Ernesto no señaló nada negativo y se limitó a decirle: “A vos, Alberto, que sos el mayor te lo digo: trata de que Ernesto vuelva a continuar sus estudios y a recibirse de médico. Un título nunca estorba.”

En la capital argentina despidieron el año 1951 y allí permanecieron varios días. El 4 de enero salieron rumbo a la costa del Océano Atlántico.
De la llegada a Villa Gessel, situada en la zona de Mar del Plata y también lo que significó para su amigo Alberto Granado su primer encuentro con el mar, el joven Ernesto Guevara escribió posteriormente en sus notas de viaje: “…la luna llena se recorta sobre el mar y cubre de reflejos plateados las olas. Sentados sobre una duna, miramos el continuo vaivén con distintos ánimos: para mí fue siempre el mar un confidente, un amigo que absorbe todo lo que le cuentan sin revelar jamás el secreto confiado y que da el mejor de los consejos: un ruido cuyo significado cada uno interpreta como puede; para Alberto es un espectáculo nuevo que le causa una turbación extraña cuyos reflejos se perciben en la mirada atenta con que sigue el desarrollo de cada una de las olas que van a morir en la playa. Frisando los treinta años Alberto descubre el océano Atlántico y siente en ese momento la trascendencia del descubrimiento que le abre infinitas vías hacia todos los puntos del globo.”
El recorrido de Ernesto Guevara y Alberto Granado se extendió durante casi siete meses. Además de varias zonas de Argentina ellos transitaron por territorios de Chile, Perú, Colombia y finalmente llegaron a Caracas, la capital venezolana.
Más allá de la moto Poderosa II, a la que tuvieron que abandonar en Chile, en su transitar por los citados países de América Latina utilizaron otros medios de transporte, entre ellos una balsa, y también avanzaron tramos a pie.
Visitaron entre otros lugares significativos, por ejemplo, las Minas de Chuquicamata, en Chile, así como Machu Picchu y varios leprosorios en Perú. Una vez concluido el recorrido Ernesto Guevara reconstruyó las anotaciones que hiciera, lo cual sirvió para que años después que se editase en Cuba el libro con el título “Notas de Viaje”.
En la parte inicial de sus anotaciones el joven Ernesto Guevara, quién cumplió 24 años en el transcurso del recorrido, durante su estadía en un leprosorio en Perú, señalaría: “No es éste el relato de hazañas impresionantes, no es tampoco meramente un “relato un poco cínico”, no quiere serlo, por lo menos. Es un trozo de dos vidas tomadas en un momento en que cursaron juntas un determinado trecho, con identidad de aspiraciones y conjunción de ensueños.”
Ocho años más tarde, Ernesto Guevara de la Serna, ya convertido en un prestigioso Comandante y dirigente de la Revolución Cubana, en una conferencia impartida el 19 de agosto de 1960, en la sede del Ministerio de Salud Pública de Cuba, recordaría el significado que tuvo en su vida el haber realizado ese singular recorrido que le permitió alimentarse de la realidad de varios pueblos de América Latina.
Señaló que por las circunstancias en que viajó empezó a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre y con las enfermedades y que entonces comprendió qué había cosas que, en aquel momento, le parecieron tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer algún aporte sustancial a la ciencia médica, y aseguró: “era ayudar a esa gente”.
Es decir tanto este recorrido del joven Ernesto Guevara en unión de su amigo Alberto Granado, como otro posterior que emprendió por varios países de América Latina a partir de 1953, una vez concluido sus estudios de medicina, contribuyeron a su formación política, lo cual hizo que se fuera convirtiendo de un simple médico recién graduado a un revolucionario cabal, sensible a la realidad que padecían los pueblos y como tal estar dispuesto a luchar por transformar esa situación.
El propio Ernesto Guevara lo expresaría de esta forma en la conferencia que ofreció el 19 de agosto de 1960 en La Habana: “Entonces, me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución.”
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