
5 de abril de 1952.- En Machu Picchu el joven Ernesto Guevara se interesa por conocer sobre la civilización incaica. Lee el libro El imperio socialista de los incas, de Lowis Boutura. En sus anotaciones sobre la visita que realiza a este singular sitio, en unión de Alberto Granado, y al hacer referencia a las construcciones dedicadas a los guerreros, expresa:
“...nos mostraron un recinto en las piedras del cual, en una especie de pórtico, se había cavado un agujero a cada lado, lo suficientemente grande para dejar pasar el brazo de un hombre; al parecer era un lugar destinado a los castigos físicos; la víctima era obligada a introducir ambos brazos en los respectivos orificios y luego era empujada hacia atrás hasta quebrarle los huesos. Yo, poco convencido de la eficacia del procedimiento, introduje mis miembros en la forma indicada y Alberto me empujó lentamente; la menor presión provocaba un dolor intolerable y la sensación de que iba a ser destrozado completamente de continuar el empuje sobre el pecho”.
Seguidamente detalla:
“Pero donde adquiere magnitud imponente la ciudad, es vista desde Huayna Picchu (cerro joven), que se eleva a unos doscientos metros más alto. Este lugar debía ser utilizado como punto de vigilancia, más que de residencia o fortaleza, pues las construcciones que allí se encuentran son de poca monta”.
5 de abril de 1967.- El Comandante Ernesto Che Guevara expresa en la parte inicial de sus anotaciones en el diario que lleva en Bolivia:
“Fue un día frío en acontecimientos, pero de cierta tensión”.
Agrega:
“A las 10 estábamos todos reunidos y algo más tarde salía Miguel con sus mochilas para ocupar la cabeza de la quebrada, con orden de enviar los 3 hombres de la retaguardia que hacían postas en el mismo punto para que recogieran sus mochilas”.
Tras especificar distintas tareas que encomendó a otros de sus compañeros, expresa:
“Pensaba salir por la madrugada río abajo, pero se vieron soldados bañándose a unos 300 metros de nuestra posición. Resolvimos entonces cruzar el río sin dejar huellas y caminar por la otra senda hasta el arroyo nuestro”.
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