
Santa Clara y el Che permanecen unidos en el tiempo por fuertes lazos de amor, sacrificio y heroísmo. Fue un amor a primera vista que floreció en los últimos días de diciembre.
Santa Clara y el Che iniciaron un romance que bautizó la metralla, la pólvora de aquellos días de la batalla histórica y se prolongó con el andar del tiempo, y añejó con su presencia en tiempos de paz.
30 años después de su muerte, el Guerrillero regresó a la ciudad que nunca lo despidió. Sus restos, ocultados por mucho tiempo fueron finalmente identificados cerca de una pista de aviación en el poblado de Valle Grande en Bolivia.

En el viaje de reencuentro se le rindió el mayor de los tributos. Al llegar a La Habana, viejos compañeros de lucha lo esperaban, encabezados por Fidel.
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Allí estaban también sus hijos, muy en especial, Aleida Guevara March, quien contaba sólo con 7 años cuando su padre cayó en combate. Con una emoción contenida Aleidita habló:
“Hace más de 30 años nuestros padres se despidieron de nosotros. En esa época la mayoría de nosotros éramos muy pequeños. Ahora somos hombres y mujeres, vivimos quizás por primera vez, momentos de mucho dolor, de intensa pena. Conocemos cómo ocurrieron los hechos y sufrimos por ello. Hoy llegan a nosotros sus restos, pero no llegan vencidos. Vienen convertidos en héroes, eternamente jóvenes, valientes, fuertes, audaces. Nadie puede quitarnos eso. Siempre estarán vivos junto a sus hijos en su pueblo. Ellos sabían que cuando lo decidieran podrían regresar a la Patria. Y que nuestro pueblo lo recibiría con amor y curaría sus heridas”.
En sus palabras, Aleida se refirió al líder de la Revolución cubana y le expresa:
“Y sabían que usted seguiría siendo su amigo, su jefe. Por eso es que le pedimos Comandante que nos haga el honor de recibir sus restos. Más que nuestros padres son hijos de este pueblo que tan dignamente usted representa. Reciba a sus soldados, a sus compañeros que regresan a la Patria, nosotros también le entregamos nuestras vidas. Hasta la Victoria Siempre”.
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El 17 de octubre de 1997, el Che junto a sus compañeros de la guerrilla boliviana llegó a Santa Clara. En nombre del pueblo de Cuba, Fidel Castro los recibió:
“No venimos a despedir al Che y sus heroicos compañeros, venimos a recibirlos. Veo al Che y a sus hombres como un refuerzo, como un destacamento de combatientes invencibles que esta vez incluye no sólo a cubanos si no también latinoamericanos que llegan a luchar junto a nosotros y a escribir nuevas páginas de historia y de gloria”.
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